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La cuadratura de círculo

  • La Cuadratura de Circulo / Enrique Pardo Genis

De noche hablan las calles de Coyoacán

Trágicas leyendas que podrían ser verdad

Bañaba al pequeño mientras sus dos hijos mayores jugaban en el patio. Con mucha delicadeza seguía el contorno de su cuerpo, como si fuera una pieza frágil que requería de extrema precaución. Arrodillada en la tina, sus ojos denotaban el amor que le tenía al pequeño, y sus trazos con jabón dibujaban la barrera que solo una madre puede darle a su hijo. De pronto el mayor de todos irrumpió abruptamente en el cuarto de baño. “Le he sacado un ojo mamá” fueron las palabras que salieron de su boca, acompañadas de una mano ensangrentada, que empuñaba una varilla de metal. Ella volteó y lo miró fijamente, al tiempo que la imagen y la frase taladraban sus sentidos. Sus pupilas se contrajeron y sus brazos se vencieron. Como si no hubiera obstáculo de por medio salió del baño estrepitosamente, bajó de inmediato las escaleras y subió al niño herido al coche. Estaba bloqueada, y no escuchaba los gritos ensordecedores de dolor de su hijo que estaba bañado en sangre. El auto no arrancaba y la desesperación crecía rápidamente.

Por fin encendió el motor, puso la marcha en reversa y arrancó sin más. Entonces vino el impacto. El auto se detuvo al golpear con lo que parecía un costal de arena. La mujer bajó a revisar y la sorpresa fue una verdadera tragedia. Enmudeció al ver lo que había sucedido, sus pupilas se dilataron y colapsó. Se trataba de su hijo, el mayor, que yacía en el suelo, inerte bajo el vehículo. Él, al ver a su madre salir del baño tras su noticia la siguió, la culpa lo carcomía y solo quería ayudarla, por lo que accidentalmente le había causado a su hermano. Pero su madre no se percató que venía detrás y sin preverlo ni quererlo lo atropelló. El niño dentro del coche se ahogaba en sus propios gritos mientras se desangraba, sin que nadie escuchara más sus lamentos.

Mientras tanto, la capa de jabón que cubría al pequeño en el baño, no le brindaba la protección necesaria ante el agua de la tina en la que se encontraba inmerso. Necesitaba oxigeno, pero con sus dos meses de edad no se valía por sí mismo para salir y tomarlo.

Eso sucedió hace mucho tiempo y no se sabe qué pasó con la mujer. Pero al día de hoy, se dice que de vez en vez se escuchan sus lamentos por las calles empedradas de Coyoacán.

Esta es una de las historias que se escuchan en el tranvía turístico que recorre la zona. Si bien es verdad que es un lugar turístico, con muchos rincones históricos dignos de contarse, el itinerario es distinto si usted decide hacer el recorrido por la tarde o por la noche, pues es justamente al ocultarse el sol, que los fantasmas buscan refugioy deshogan sus lamentos. Así, que si un día camina por una calle solitaria y escucha la voz de un niño detrás de usted que le dice: “quieres jugar conmigo”, le conviene no voltear, a menos que esté dispuesto a asumir las consecuencias. Mejor cuando visite Coyoacán, súbase al tranvía de noche y escuche la historia.

Viva la vida y sea feliz.

Correo: kikenis@yahoo.fr

Twitter: @EnriqueParGen

ENRIQUE PARDO

TRANVÍA TURÍSTICO de Coyoacán