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La Cuadratura del Circulo

  • La Cuadratura de Circulo / Enrique Pardo Genis

  • Enrique Pardo Genis
  • Conquista del espacio… y sus consecuencias

Antes que nada debemos tener claro que una nave espacial es aquella que va más allá de la atmosfera terrestre sean tripuladas o no. Como muchos avances tecnológicos, los vuelos espaciales encuentran sus bases en la guerra, pues estos fueron posibles gracias al desarrollo de los misiles balísticos intercontinentales de Estados Unidos y Rusia, después de la Segunda Guerra Mundial.

La nave espacial nació en ciencia ficción. La primera obra que planteó vuelos espaciales fue escrita por Kepler en 1634, luego Julio Verne publicó “De la Tierra a la Luna” en 1869, y a mediados del siglo XX, los científicos aeronáuticos empezaron a diseñar en serio un vuelo espacial.

La tecnología que hace posible la exploración espacial se basa en el cohete, inventado por los alquimistas chinos, y perfeccionado en la década de los años 50 por científicos alemanes, rusos y estadunidenses.

Y así, científicos de la Alemania Nazi crearon el cohete v2, utilizado para bombardear Londres y París. Después, durante la Guerra Fría, Rusia puso en órbita el satélite Sputnik en 1957 y abrió el camino hacia la exploración espacial. Ese mismo año se lanzó el Sputnik II con el primer ser vivo: la perra Laika, que murió a su reingreso a la Tierra. Por su parte, Estados Unidos envió los satélites Explorer, Vanguard y Discoverer.

Y para 1961, el ruso Yuri Gagarin se convirtió en el primer humano en salir al espacio durante 48 minutos en la nave Vostok 1. Meses después, Estados Unidos puso al primer astronauta en el espacio, pero en un vuelo suborbital, y Rusia enviaría la primera mujer en 1963. El científico ruso Koriolov propuso ir a la Luna, y el presidente Kennedy hizo lo mismo en Estados Unidos.

Los rusos fueron los pioneros en viajes a la luna con el Lunik I; sin embargo, varios accidentes, sumado al bajo presupuesto de los soviéticos debilitaron un posible viaje tripulado al satélite terrestre. Los preparativos para poner un hombre en la Luna empezaron con las misiones tripuladas estadunidenses Geminis y Mercury. Los rusos habían enviado misiones no tripuladas que circunnavegaron la órbita lunar, la Soyuz, la Zond y la Lunik, 2 meses antes de que lo hicieran los astronautas estadunidense del Apolo 8.

En 1959, los rusos enviaron la primera sonda espacial a la Luna, el Lunik 2 y trajeron 400 gramos de polvo lunar. 10 años después, en julio de 1969 el hombre por fin pisó la luna con el Apolo 11.

En 1986, la Unión Soviética lanzó la Mir, la primera estación espacial tripulada que orbitaba la Tierra cada 2 horas. La heredera de la Mir rusa es la estación espacial internacional, el instrumento más costoso y sofisticado creado por el hombre, con el esfuerzo conjunto de varias naciones, que estará terminada en 2011.

En 1997 llegó a Marte el primer vehículo a control remoto: el Pathfinder. Luego vino el Soujorner y el Phoenix, además de muchos orbitadores y sondas que han recopilado mucha información sobre Marte, para preparar un futuro viaje al planeta rojo.

Ahora, cuando hablamos de la evolución en la conquista espacial es fácil pensar que el espacio es como lo pintan las películas de Hollywood; es decir, un área abierta y completamente libre, en la cual se pueden contemplar las estrellas sin ningún obstáculo. Pero en realidad, el contorno exterior de nuestro planeta es un completo basurero. Está invadido por restos de cohetes, explosiones, partículas de pintura y satélites viejos.

Según la NASA, en los 50 años de lanzamientos espaciales se han acumulado más de 20 mil piezas de desperdicios, con un tamaño mayor al de una pelota de softbol, y unos 500 mil del tamaño de una canica. Claro, sin contar con unos mil objetos de mayor tamaño, aunque la mayoría no son muy grandes, las velocidades a la que viajan, entre siete y 10 kilómetros por segundo, los hacen muy peligrosos.

Esta basura, también conocida como “Debris” se ha convertido en una preocupación cada vez mayor en los últimos años, debido a la amenaza que representa para los satélites, ante el riesgo de colisiones a velocidades orbitales, que a su vez pueden producir más basura espacial, provocando el proceso llamado “síndrome de Kessler”.

Este síndrome plantea un escenario en el que los objetos en la órbita baja terrestre serían impactados con frecuencia por el gran volumen de basura espacial, creando así, aún más basura y mayor riesgo de colisiones.

La iniciativa “Clean space” de la Estación Espacial Europea está trabajando en una misión que partirá en 2021, con el objetivo de limpiar el espacio próximo; sin embargo, aún se analiza si lo hará con un brazo robótico, un arpón o una red.

Por su parte, la agencia espacial rusa propuso la construcción de un aparato de 4 toneladas, que en cada lanzamiento sería capaz de sacar de la órbita unos 10 satélites, y mandarlos a una órbita más lejana. En esta carrera ecológica del espacio, incluso se ha propuesto desarrollar láseres para rastrear hasta los más pequeños objetos. Pero lo que es una realidad, es que aún no hay un programa definitivo para tratar la amenaza creciente que significa la basura espacial.
Viva la vida y sea feliz.

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