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La cuasi centenaria Constitución Mexicana / Mireille Roccatti

  • Mireille Roccatti

Este viernes 5 de febrero, cuando el lector tenga a su vista estas líneas, conmemoramos, el nonagésimo noveno aniversario de la promulgación de la Constitución General de la República de 1917. Una Constitución, es la norma suprema que señala los principios y contiene las bases sobre la que se construye un país y establece el proyecto de Nación al que aspira la sociedad. Es el acuerdo entre todas las fuerzas sociales.

México, a lo largo de su historia ha tenido textos constitucionales, como: la Constitución de Apatzingán, la de 1824, la Centralista del 47, la del 57 y la vigente que expresa la voluntad del pueblo mexicano de constituirse en una Republica representativa, democrática y federal.

Esta norma constitucional, constituye la síntesis del México de ayer y hoy, de las luchas y sacrificios de miles de connacionales que lucharon por un mejor país para alcanzar las libertades y derechos que ahora disfrutamos. Es un legado de quienes nos precedieron y quienes buscaron un México más justo, más equitativo y más libre, desencadenado una revolución que cobró la vida de un millón de mexicanos muertos.

Es también un pacto vigente. En ella se contienen los valores y elementos rectores producto de nuestra historia, y a través de este pacto social, que los mexicanos exigimos que el Estado y en particular, el ejercicio de la autoridad, quede subordinado al interés general y siempre en observancia de la norma jurídica. Establecimos un país de leyes. Creamos un Estado de Derecho.

El México de hoy, es muy diferente al de hace un siglo: de un país con poco menos de 12 millones de habitantes eminentemente rural, pasamos a más de 120 millones, mayoritariamente urbano; de la existencia de un régimen autoritario, a uno de instituciones; de una sociedad sometida, a una sociedad activa y propositiva, y de una economía cerrada, a uno de los países con mayores oportunidades comerciales en el mundo.

Es cierto que nuestra Constitución ha sido modificada en innumerables ocasiones. Es el resultado de las constantes transformaciones de nuestro país, por lo que seguramente continuará cambiando. Lo realmente importante es que siempre sea expresión de la voluntad de los mexicanos, que la renovación de su contenido preserve los ideales de una patria libre, justa y soberana.

A la mitad de la segunda década del nuevo milenio, estamos inmersos en la construcción de un nuevo orden global, de la creación de nuevos equilibrios geopolíticos y consecuentemente económicos, lo que nos enfrentan a nuevos desafíos.

Esas dificultades, más que dividirnos deben unirnos. No son tiempos de agendas particulares o personales. Es tiempo de solidaridad, de unidad, de esfuerzo compartido, si queremos heredar un mundo mejor a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos, solo podremos hacerlo unidos en lo esencial.