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La D rota de Trump

  • Ramón Ojeda Mestre

  • Ramón Ojeda Mestre

El sábado explotaron dos bombas en Nueva York causando no solamente gran estruendo y preocupación respecto a la seguridad y con relación al proceso electoral en el que nadie imaginó que Donald Trump iba a llegar tan fortalecido. El pasado julio, el Wall Street Journal publicó un artículo muy seriesote, como usted comprenderá, que intituló Trump’s Would Be No Ordinary Defeat. Les importa más a los estadunidenses derrotar a Trump en las urnas delegacionales que hacer ganar a Hillary Rodham Clinton.

A lo largo de este viscoso proceso político, Donald Trump se ha ganado mis simpatías personales por su creatividad, su arrojo, su visión mercadotécnica y por su velocidad en capacidad de respuesta. A querer o no, ha sido el fenómeno político de lo que va de este siglo. Hillary, a pesar de todo mi cariño y simpatía, es francamente aburrida y soporífera, sin chiste ni chispa, lo lamento, pero así es. Sus discursos están hechos por algún fabricante de formol y su modista es egresada de Pinedo Deportes, diría mi querido hermano el finado José Cabrera Parra.

La señora de Clinton el coscolino es anticlimática y demodé mientras que Donald es un Lorenzo Garza quasi-albino de la real politik. Sí, es un ave de las tempestades. Yo le aprecio que haya aceptado la invitación para venir a visitar a sus amigos a México con tanta prontitud, diligencia y prestancia, es un caballero, bien vestido y bien portado. Lo invitaron, vino, vio y venció. Arriesgó la zalea y eso cuenta mucho en un hombre que aspira a ser estadista, porque hasta ahorita no lo es. Ni estadista, ni estatista, ni estaquista. Es el enemigo de Dale Carnegie, por el libro aquel de cómo ganar amigos, que los bobos de todas partes leían sin entender de qué se trataba o cual era su verdadera teleología.

La derrota de Trump no estará en las urnas, sino en la relación con los medios de comunicación y el electorado. Es más, -ya encarrerado el ratón, le saca la lengua al gato-, aunque llegue a tener el número de delegados suficiente para alzarse con el triunfo, cosa que le deseamos de todo corazón los amigos de Maximiliano y Carlota, los austrobelgas, los amigos de Victoriano Huerta Ortega el gran jalisciense, de Porfirio Díaz Mori, el gran oaxaqueño y de quienes usted ya sabe astuta y murmurante leyente, de la Malinche cálida de Coatzacoalcos y de mi paisanaso Antonio López de Santa Anna el héroe de Barradas, los amigos del gran Michoacano Agustín de Iturbide y Arámburu, y del gran yucateco Lorenzo de Zavala y Sáenz y de Lucas Alamán de Escalada y Madroñero el gran guanajuatense, ¡Ah! Y de Francisco Picaluga y Sicolame, el gran marino genovés con muerte deliciosa.

Eso de la ambición política es tan retorcido, que Hillary, aunque pierda, ya ganó y Trump, aunque gane, ya perdió. México tiene una desdicha: con los políticos que tenemos en los gobiernos, gane la esposa del cachetón del puro o gane el mofletudo güero, México, como país, de todas formas sale perdiendo. No es culpa de ellos, ni de la que celebra sus 69, ni del de los 70, casada con la bella eslovena de 46.

Nosotros, los del INAPAM, les deseamos un cuatrienio sin polillas. México sale perdiendo porque ha equivocado el camino y es bastante chata la versión de que nos irá bien o mal con los ancianos vecinos. Cuando la partera es mala le echa la culpa al niño. No lloremos como mujeres lo que no supimos defender como hombres. Boabdil.

Otro asunto. Nuestra condolencia a Enrique Ceseña de la Peña por el fallecimiento de don Enrique Ceseña Montaño que supo conservar las salineras de Cabo del Este que llevan su nombre.

rojedamestre@yahoo.com