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La delgada línea de lo público y lo privado / Federico Ling Sanz Cerrada

  • Federico Ling Sanz

Es difícil entender cuál es la diferencia entre lo que debe ser público y privado. Hay un par de situaciones que he notado en la esfera pública, que da origen a toda una discusión sobre el tema y quisiera exponer en este momento. El primero de ellos es el caso del famoso “City Manager” (sea lo que sea que el nombre significa; y no hablo de la traducción, sino de la función), donde este personaje se ha dedicado a exponer casos de violaciones a los reglamentos de tránsito y de civismo en la demarcación, principalmente de personas que se consideran influyentes. ¿Qué es entonces lo que está en juego? El respeto a la privacidad, pues el famoso “City Manager” se dedica a hacer “Periscopes” en donde graba la supuesta violación, y confronta a los que están cometiendo dicha irregularidad, con la intención de dejar un testimonio público del mismo, y con el objetivo de “transparentar” el ejercicio de su función. Sin embargo últimamente ha habido una serie de cuestionamientos, porque acusan a este personaje de violar los derechos humanos de las personas que graba y expone públicamente. En esto estoy totalmente de acuerdo: no se debe exponer a la gente a un juicio sumario sin mayor análisis. Pero también estoy de acuerdo en que el influyentismo es un mal ampliamente extendido a lo largo y ancho de la Ciudad de México, especialmente en zonas como Polanco, Lomas de Chapultepec, etc. ¿Se debe regular el uso de Periscope y evitar exponer a la luz pública la corrupción, o se debe privilegiar el uso de las herramientas tecnológicas para combatir la impunidad o el influyentismo?

El siguiente caso del que quiero hablar es similar, pero en otro contexto y con otros alcances. Me refiero a la petición que hizo el FBI en Estados Unidos para que la empresa Apple permitiera (y vulnerara) dentro de su propio sistema operativo, un mecanismo para que el software del iPhone pudiera ser accedido a la fuerza por un tercero (en este caso la autoridad). El FBI alega que esto lo hace para combatir el terrorismo, en el caso del tirador de San Bernardino, y Apple alega que esta “puerta trasera” para acceder al iPhone es peligrosa si cae en las manos equivocadas. Yo estoy de acuerdo en que se combata al terrorismo de modo frontal y directo, pero también estoy de acuerdo que la vulnerabilidad del hardware y software tecnológico de vanguardia no le hace bien a nadie.

En resumen, lo que trato de decir es que no tengo una postura clara que ofrecer, porque todavía no la he acabado de interiorizar y de entender a cabalidad; y me temo que prácticamente nadie tampoco lo ha logrado. La delgada línea entre lo público y lo privado es cada vez más difícil de ver y menos nítida. La vulnerabilidad se hace presente de diferentes maneras y la gente no tendría que estar en la disyuntiva de escoger seguridad sobre privacidad, de decidir entre corrupción y Derechos Humanos. La libertad del ser humano, de los ciudadanos y también de las instituciones y las empresas, tiene que encontrar un equilibrio que cada día se vuelve más complicado y más difícil. Todos tenemos Derechos Humanos, y estoy convencido que la seguridad es uno de ellos. Pero también el Estado de Derecho es importante. No estoy tratando de decir que el terrorismo y la corrupción son la misma cosa, pero intento establecer lo complicado que resulta entender hasta qué punto es seguridad y transparencia, y dónde empieza el resquebrajamiento de la privacidad y de los derechos inherentes de cada uno.

www.federicoling.com y @fedeling

*Maestro en análisis político y medios de información