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La democracia bajo presión / Poder Nacional / Javier Oliva

  • Javier Oliva Posada

La complejidad de las relaciones sociales, la simultaneidad en los acontecimientos a nivel mundial, junto con la interdependencia de las variables económicas y ambientales, de forma constante, inciden en el ánimo tanto de la ciudadanía como de las élites gobernantes. En México y en otras naciones, observamos con regularidad, novedosas expresiones en las muestras de inconformidad y las formas en que procesan éstas.

En Europa, Estados Unidos, Latinoamérica entre otros casos, nos aportan elementos respecto de esa insatisfacción. Allí tenemos presencias como las de Donald Trump o Marianne Le Pen en Francia, con discursos simples pero obvios en cuanto a sus prejuicios; el ascenso de esas posturas también demuestran lo que el electorado, un amplio sector por cierto, piensa y siente de la clase política convencional de su país. Persistir en que hay títeres y titiriteros, manipuladores y manipulados, es perder de vista que hay muchos más factores que sin lugar a dudas, tienen un papel protagónico en las formas de actuar de los ciudadanos. Solo por poner un ejemplo, los dispositivos móviles como herramienta de denuncia ante los abusos e impunidad de funcionarios y/o gobernantes.

En Latinoamérica, en particular en Bolivia, acabamos de asistir a un referéndum para la reforma a la Constitución y permitir un cuarto (¡!) periodo presidencial de Evo Morales. Por un margen de menos del 2 por ciento, ganó el “no” a la posible modificación legal. El presidente Morales, lejos, muy lejos de adoptar una actitud democrática, ha señalado que desde las redes sociales se afectó el proyecto y su prestigio, lo que según él, afectó el ánimo del votante. Es de nuevo, la explicación de un gran poder conspirador que todo lo puede. Claro, cuando uno pierde. Así que las instituciones democráticas, que velan por la funcionalidad de los procedimientos, quedan sujetas a las victorias o derrotas de la clase gobernante. Y ese sí que es un riesgo para la convivencia y armonía en los sistemas sociales.

Por otra parte, en Estados Unidos, observamos la marcha incontenible de un discurso simple, directo y poco refinado. Sin embargo ¿qué nos indica del ánimo del votante estadunidense promedio? Pues que hay un sólido cimiento de desconfianza al exterior, una importante dosis de intolerancia así como una actitud refractaria a sumarse a las soluciones de conjunto en el ámbito internacional. De concretarse la candidatura republicana de Trump, y aunque no ganara la Presidencia, el mero hecho de su incuestionable protagonismo, será un mensaje muy fuerte en cuanto al cuestionamiento a la funcionalidad de la democracia, el Gobierno y el Estado en su país.

Lo que sucede en Europa no es menor respecto del caso de los Estados Unidos. La migración de cientos de miles, procedentes de países fracturados por la prolongada violencia, ha opuesto a prueba al principal y más exitoso proceso de asociación multinacional en la historia. Ahora, varios Gobiernos, como los de Alemania, Francia y el Reino Unido, entre otros, se disponen a restringir la circulación de personas. Además de incrementar los requisitos de residencia, se aprestan también, para limitar los servicios públicos a quienes no cumplan con determinados requisitos legales. Vaya escenarios. Y la democracia con cada vez menos recursos para atender las creciente presiones sociales.
javierolivaposada@gmail.com