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La democracia como factor de desestabilización

  • Javier Oliva Posada

Londres. Las tendencias mundiales en la competencia electoral señalan primero, que salvó verdaderas excepciones (como los comicios de la segunda vuelta presidencial en Francia) la diferencia entre el ganador y el segundo lugar es muy estrecha. Así tenemos los casos de Estados Unidos o Ecuador. En segundo término, no obstante esos ajustadas cifras, la aceptación de los resultados indica la consistencia y solidez tanto del proceso y competencia, como de la calidad ciudadana para aceptar los resultados. Desde luego que de forma regular observamos ciertas anomalías e inconformidades pero estas no llegan al grado de desconocer u obligar a repetir las elecciones.

En México desde hace mucho tiempo se discute si los procesos electorales son muy caros y extraordinariamente burocráticos. Yo sostengo que la cuestión no solo debe limitarse a los ingentes recursos que se le destinan (que van de los multimillonarios presupuestos a los partidos políticos, funcionarios y consejeros nacionales y estatales, jueces también estatales y federales, además de gastos de infraestructura, entre muchos otros), sino a la certeza y estabilidad que producen los resultados. Es decir, que la proporción entre el gasto y la estabilidad es la justa proporción de las contribuciones que hace la democracia como procedimiento para la estabilidad y desarrollo del país.

Desde que yo era estudiante en la licenciatura en Ciencia Política en la UNAM (hace ya muuuchos años) leía y escuchaba que “las próximas elecciones van a definir el futuro del país”. Desde luego, que en parte tiene razón ese atemorizante planteamiento, pero a pesar del indudable avance institucional, todo indica que la calidad de los competidores -partidos políticos, líderes, candidatos, equipos y estilos de campaña, han avanzado muy poco o no como se observa en cuanto a leyes y reglamentos. Esa grave contradicción, e incluso incongruencia, nos ha llevado a que ahora constatemos la peores formas de convencer e intentar manipular la voluntad de los ciudadanos. Observamos campañas en donde la autoridad electoral, cualquiera que sea, es burlada sin reparo alguno. Sea en la oferta de dádivas, en el abuso en la utilización de los medios formales o digitales de comunicación, y por supuesto en primerísimo lugar, el financiamiento irregular de las propias campañas.

Lo que sucederá en el Estado de México, pero también en Coahuila, Nayarit y Veracruz, inundará las planas y espacios noticiosos en radio y televisión, para denunciar, acusar y señalar tales o cuales abusos. Y esto es en efecto, lo que propicia que nuestra democracia sea en efecto, muy cara para los pobres resultados en cuanto a legitimidad de las autoridades que se imponen de malos modos en las urnas. Por eso no debiera extrañarnos que al momento de buscar convocatorias, acciones conjuntas o propuestas en general, por parte de los nuevos gobernantes, el apoyo popular y político sea escaso en número y calidad de los concurrentes. Y este también es otro factor que encarece el presupuesto destinado a la democracia mexicana en general.

Ya veremos cómo este lunes próximo, sin ser ningún adivino, leeremos en los diarios, una larga lista de señalamientos respecto de reales o supuestas anomalías. Es deseable, que los resultados obtenidos sean conforme lo señalan las mejores prácticas políticas, pero después de la calidad de las campañas, del contenido de las propuestas y los pronunciamientos de los candidatos, no será así.

javierolivaposada@gmail.com