imagotipo

La deschavorruquización de nuestro amigable vecino Spider-Man

  • La moviola/ Gerardo Gil

Con todo y que la industria hollywoodense piensa mucho en el público millennial, en la categoría incluyo a los que ya están un poco pasaditos para pertenecer a esta grupo pero su comportamiento los ubica en El país de Nunca jamás, el blockbuster de la temporada Spider Man: Homecoming (Jon Watts, 2017) resulta a pesar de sus convenciones una sorpresa en este sentido.

La película va dirigida sobre todo a los nacidos después de la llegada del milenio, la llamada Generación Z, que entre otras cosas lleva la corrección política a extremos de neurosis.

Este punto será uno de los ejes que sigue el filme protagonizado por el veinteañero Tom Holland como el nuevo Spider-Man y Michael –prófugo de Birdman- Keaton, en el papel de Vulture, además de Marisa Tomei como una imposible y sensual Tía Mayy, el ajonjolí de casi toda la franquicia Marvel, Robert Downey Jr. con su Iron Man.

Como muestra de lo anterior basta ver el multiuniverso racial en el que se desarrolla el filme, ya que sobre todo en los personajes secundarios la variedad étnica está presente: desde el interés amoroso de Peter Parker, la más bien seria  Liz Allen (Laura Harrier), pasando por Flash Thompson (Tony Revolori) y el mejor amigo de nuestro héroe, el geek Ned (Jacob Batalon),

Es cierto que algo  tiene el filme de un espíritu Ultimate, sin que esto determine la trama, pero  lo que se respira es sobre todo una absoluta corrección muy  propia de los tiempos.

Otro de los aspectos que resaltan en el  filme es que a diferencia de las series anteriores sobre el personaje en esta ocasión se apuesta por una High School Movie. La consecuencia es una trama y un ritmo que se sienten más ligeros, banales incluso.

La película tiene prisa por iniciar la acción. No es un Parker atormentado, sino mas bien festivo, ideal para un público preadolescente. En otras palabras, la harripoterización del personaje, con interés amoroso secreto y mejor amigo-confidente.

De hecho la sinopsis es más bien sencilla: Peter Parker es un adolescente que divide su tiempo entre la escuela, su relación con la Tía May, los  inicios  como un héroe más bien chambón, construir legos con su adiposo amigo Ned y suspirar por la bella de la secu Liz Allen. Vive además  esperanzado de que Tony Stark lo invite a formar parte de Los Vengadores.

Todo marcha relativamente bien, hasta que en escena aparece Adrian Tommes /Vulture, un exobrero despedido injustamente que ha fraguado un plan para realizar una suerte de venganza social y se sirve de un traje equipado con tecnología que le facilita sus propósitos. Los caminos de la araña y el buitre se cruzarán en una vuelta de tuerca muy propia del personaje.

En su séptima adaptación cinematográfica, si contamos los tres filmes de Sam Reimi protagonizadas por Tobey Maguire a inicios del milenio, la desafortunada serie de Mark Webb con dos entregas, estelarizada por el todavía más desafortunado Andrew Garfield y el curioso telefilme de 1977 Spider Man  (E.W Swachamer) que dio pie a una serie transmitida hasta 1979 y protagonizada por Nicholas Hammond (Por cierto uno de los niños de La Novicia Rebelde), la actual adaptación gana en espíritu y frescura, pero pierde en intensidad dramática del personaje.

Producto que se siente más bien como el hermano menor de toda la serie de personajes enlazados por el Universo Marvel, (exceptuando claro los que tiene la 20th Century Fox), Spider Man: Homecoming, funciona si uno no tiene grandes expectativas y se ubica en el tono del público al que dirigido: el preadolescente.

No es propiamente una cliffhanger en forma, como sí lo es la serie de Los Vengadores, pero hay que darle su tiempo y esperar que convenza a algo más que a los convencidos.

Lo que sí queda claro una vez más, es que independiente de los resultados, se comprueba la ya muy conocida frase de nuestro arácnido héroe: Detrás de un gran blockbuster hay una gran publicidad, o ¿cómo era?