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La desglobalización

  • Eduardo Andrade

  • Dr. Eduardo Andrade Sánchez

La palabra globalización fue acuñada hace poco tiempo. Anthony Giddens alude a su evolución en la obra Un Mundo Desbocado, publicada en 2000, diciendo “A finales de los años ochenta…apenas se utilizaba, ni en la literatura académica ni en el lenguaje cotidiano. Ha pasado de ningún lugar a estar casi en todas partes”. Efectivamente hoy en día se encuentra en todos los diccionarios. En cambio, DESGLOBALIZACIÓN es tan nueva que la computadora la marca como un error, pero ya aparece con frecuencia en los artículos de la revista The Economist, la cual suele registrar con antelación las nuevas tendencias económicas y políticas, cuya lectura sería útil a nuestros funcionarios para irse desatando de los dogmas neoliberales, que el primer mundo empieza a abandonar.

En el penúltimo número del año que concluye se encuentran varios artículos que aluden al proceso desglobalizador en marcha. En uno de ellos se cuestionan severamente cuatro conceptos económicos repetidos “hasta la náusea” en cada libro y en cada conferencia sobre negocios y que no tienen conexión con la realidad. El primero de ellos es la idea de que el mundo empresarial es cada vez más competitivo cuando las cifras demuestran que en lugar de mayor competencia, las empresas tienden a la consolidación y la formación de oligopolios.

El segundo es la creencia de que vivimos en una época en que predomina el espíritu emprendedor. Los Gobiernos buscan alentar la creación de empresas, pero lo cierto es que tanto en Estados Unidos como en Europa la tasa de aumento de nuevos negocios ha ido en declive desde fines de los 70. En aquellos son más las compañías que han cerrado que las que se han abierto en los últimos años y en ésta, se aprecia una falta de crecimiento de los proyectos empresariales. Se apunta con preocupación que muchas personas que fueron atraídas por el culto a la libre empresa han encontrado solo fracasos y ahora sobreviven con escasas perspectivas para su vejez.

El tercer mito es el relativo a suponer que los negocios se mueven con mayor agilidad cuando en realidad, su crecimiento está limitado por trabas burocráticas y múltiples indefiniciones internas sobre la manera de manejarse. Es verdad que algunas firmas alcanzan en internet un rápido incremento de clientes, pero igual estos se mueven de un proveedor a otro mediante consultas a la misma red.

La cuarta equivocación es pensar que la globalización es inevitable e irreversible. Los libros más vendidos repiten este cliché basados en la creencia de que hay fuerzas tecnológicas sobre las que no tienen control las decisiones humanas. Nada más falso. El artículo que comento hace notar que el mundo estaba ya globalizado entre 1880 y 1914, pero luego sobrevinieron la guerra y la autarquía. En los días que corren, dice la misma fuente, se observan signos de que la globalización retrocede: Trump predica el nacionalismo, la Gran Bretaña deja la Unión Europea y las transnacionales más previsoras se preparan para un futuro en el que se fortalezca el nacionalismo.

Bien haríamos en interpretar correctamente todas estas señales y erigir las barreras protectoras que hagan falta, en lugar de seguir aferrados a un conjunto de ideas que en los mismos centros del poder económico consideran similares a los dogmas religiosos. Los teóricos del manejo empresarial, dice nada menos que The Economist, santifican el capitalismo a la manera que los clérigos de la época medieval sacralizaban el feudalismo. Si México no retoma un sano nacionalismo, perderá lo poco que le queda mientras los demás protegen lo suyo.

eduardoandrade1948@gmail.com