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La dignificación de los procesos electorales del 2016 / Mireille Roccatti

  • Mireille Roccatti

La tormenta mediática de la captura del narcotraficante más famoso del momento comienza a ceder frente a otros temas de la realidad social que deben atenderse, tanto por los ciudadanos como por los poderes públicos y los partidos políticos. La marcha de la economía global y su repercusión en la nuestra, con fenómenos que parecen imparables, como la baja del precio del crudo en los mercados internacionales, así como la devaluación del peso frente al dólar, resultan en este momento los temas que requiere atención prioritaria.

La realidad socio-política se impone al iniciarse los procesos electorales de este año con la realización el próximo domingo de la elección extraordinaria para elegir gobernador en Colima. Los incidentes normales de estos procesos han estado presentes, así como los propios de esa especial picaresca política con debates risibles, ataques infamantes aderezados con calumnias y excesos de todos los partidos y candidatos participantes, alianzas de última hora y un largo etcétera de acciones que debieran erradicarse o no deben tener lugar en un genuino régimen democrático.

La dignificación de la política, tema que recurrentemente abordo y no me cansaré de excitar para que suceda, puede y debe verse como un objetivo a corto plazo de nuestra normalización democrática, y no como utopía. Tal parece que nuestra clase política no entiende ni percibe el hartazgo y la ira social contenida en contra de la partidocracia y sus prácticas corruptas.

Los partidos y los candidatos, pese a pactos de civilidad y a la propia regulación electoral, se empecinan en enturbiar los comicios tanto con prácticas ilegitimas de consecución de votos como chapoteando en el fango del insulto, la descalificación artera, la infamia, la calumnia. Olvidan –la mayoría- que la política como actividad superior del hombre debe regirse por principios y valores superiores y no por las mezquindades o intereses de cualquier índole de un sector de la sociedad.

Hay que recordar que el próximo 5 de junio se verificaran comicios locales en 13 Estados, en doce de los cuales se elegirán gobernador, aunado a la elección de 388 diputacionesy 965 ayuntamientos. Los Estados donde tendrán cambio de ejecutivo son: Aguascalientes, Hidalgo, Quintana Roo; Tlaxcala, Veracruz, Chihuahua, Oaxaca, Sinaloa, Durango, Puebla, Tamaulipas y Zacatecas. En todas las entidades listadas habrá elecciones para presidentes municipales, excepto en Puebla y Veracruz.

En el caso de Baja California, los comicios serán para diputados locales y ayuntamientos, y en Puebla únicamente para gobernador. Los procesos ya iniciaron y para las gubernaturas, la guerra de lodo y estiércol que hemos referido se presenta en dos fases, primero al interior de los partidos entre los precandidatos, y luego, una vez ungidos, entre los abanderados de las distintas fuerzas políticas.

En estos días hemos testimoniado los primeros escarceos o, en algunos casos, los segundos o terceros episodios, como en Veracruz, de esa guerra soterrada primero intestina, luego por las concertaciones y alianzas entre quienes solo tienen como propósito derrotar al PRI o porque es su única posibilidad de subsistir. Y el propio PRI recurre a estas alianzas en los sitios donde es la única opción de ganar, como en Colima.

La mayoría de los mexicanos deseamos que estas contiendas electorales eleven su nivel, que la discusión sea respecto de programas o planes de gobiernos, en torno de políticas públicas, que los candidatos tengan visión de futuro y propuestas de cambio para mejorar la vida de sus pueblos y comunidades. Ese es el reto.