imagotipo

La división interna

  • Federico Ling Sanz

  • Federico A. Ling Sanz Cerrada

Recordemos que Sun-Tzu y otros teóricos políticos y de los conflictos, decían: divide y vencerás. Por supuesto que parece una obviedad de la vida pública, social, comunitaria, etc. Sin embargo, se nos olvida con frecuencia. Von Clausewitz decía que todo “reino dividido marcha a su destrucción”. Los ejemplos sobran. Y esto viene a cuento porque me acordé de la situación de México al observar de cerca las campañas electorales en Estados Unidos. Es evidente que el Partido Republicano está profundamente dividido y no tiene idea de qué hacer. Donald Trump parece llevar al famoso “GOP” (Grand Old Party, como le llaman al Partido Republicano en el norte del Río Bravo) a una estrepitosa división interna (independientemente de lo que pase el martes 8 de noviembre).

Lo que queda claro es que la división interna del partido es evidente. Pero no solamente del partido; también de la sociedad estadunidense. ¿Cómo van a rehacer a su comunidad y a su tejido social, después de la retórica tan radical, divisiva y tóxica de Donald Trump? ¿Cómo asegurar que esta contaminación no llegue a las campañas, al Congreso, a la esencia de la sociedad misma? La realidad es que no parece haber una salida fácil. Pero lo más complicado es que la división interna en el país se hace cada vez más profunda, y de lo que no parecen haberse dado cuenta los “americanos” es que eso los hace –al mismo tiempo– más vulnerables.

Y podríamos preguntarnos: ¿eso qué tiene que ver con México? Muchas cosas. Los análisis de las consecuencias de la elección presidencial en Estados Unidos han sido bastamente analizados por varias personas y expertos. Mi objetivo (en esta ocasión) no es entrar al fondo de la contienda, sino tomar como ejemplo lo que sucede en Estados Unidos, y adelantarme al proceso de México en 2018. Veamos: los comicios en nuestro país serán muy competidos (como todos) y tendremos seguramente una cantidad sin fin de impugnaciones, campaña negativa, etc. Pero más allá de todo, lo que me preocupa en grado superlativo es la división interna que existe en la clase política nacional y en nuestra sociedad.

Actualmente no podemos hablar del PRI, PAN o PRD como bloques únicos. Si alguien habla de alianzas y coaliciones, en realidad está hablando de fracciones al interior de los partidos y de grupos. El PAN, de Ricardo Anaya, no es el mismo de Margarita Zavala; el PRI, de Enrique Ochoa, no es el mismo de Manlio Fabio Beltrones. Y así sucesivamente. Pero más allá de la lucha vulgar y burda por quién ganará la elección presidencial en el 2018, lo que tenemos que entender es que mientras más dividida se encuentre la clase política y los partidos, menos oportunidades habrá para que a México le vaya mejor. La división interna evidencia un sentido de la búsqueda del poder por el poder mismo, a costa de lo que sea. Estar dispuesto a competir, sin apego a las reglas democráticas y a emplear viejas tácticas deshonestas, nos pone a todos en el camino de la destrucción.

Bastante ha costado a México la transición a la democracia, como para que ahora dilapidemos –cada vez con mayor velocidad– el capital político y la esencia de la incipiente democracia en la nación. La división interna –que no por ideales, sino por posicione – hace evidente que necesitamos acabar con la retórica tóxica que solamente busca culpables, chivos expiatorios y evasivas a nuestra responsabilidad esencial. Para que a México le vaya bien, se necesitan mejores partidos, más unidos, más sólidos y políticos más comprometidos.
www.federicoling.com y @fedeling

*Maestro en análisis político y medios de información