imagotipo

La elección estadunidense y su repercusión en México / Mireille Roccatti

  • Mireille Roccatti

«In certis non est coniecturae locus» **

El proceso electoral estadunidense, cualquiera que sea el resultado final, repercutirá en nuestro país. La complejidad y diferencia de los procesos electorales en ambos países es verdaderamente importante.  Al respecto, conviene recordar conjuntamente con nuestros lectores, un par de aspectos diferenciadores.

En Mexico, la elección del Ejecutivo Federal, se realiza mediante el voto directo, universal y secreto de los ciudadanos electores registrados, allá es una elección indirecta, donde se elige un Colegio Electoral y éste a su vez al Presidente. Aquí, los candidatos por intermedio de los partidos reciben dinero del Estado -un océano de recursos financieros- , que eufemísticamente llamamos “prerrogativas y solo una pequeñísima parte de dinero de particulares, mientras que en los Estados Unidos, el financiamiento de las campañas es con dinero privado y la capacidad recaudatoria de los candidatos, puede hacer la diferencia.

Este año que inicia y que vertiginosamente, se comió ya el primer mes, en nuestro vecino país comenzó la fase de encarar a los electores en los “caucus“ al interior de los partidos primero y luego las elecciones primarias. La elección, además del Presidente, renovara en su totalidad los 435 escaños de la Cámara de Representantes, el equivalente a nuestra Cámara de Diputados y la tercera parte 34 asientos de los Senadores que se renueva por tercios, cada dos años. En tal sentido, la elección resulta muy importante para los temas vitales de las políticas públicas, ya que éstas pueden ser modificadas o canceladas y algunas como el “Obama care”, la política migratoria o los tratados internacionales de comercio, seguramente se verán afectadas o ratificados en función de quienes ganen las elecciones.

Sin duda, la agenda de nuestra relación bilateral se moverá con dichos resultados. El proceso está aún iniciando, pero conviene tener presente los posicionamientos en los debates internos de los precandidatos de los partidos Demócrata y Republicano, que tampoco son tan diferentes en razón de la peculiaridad del sistema bipartidista de nuestros vecinos. Y aquí comento otra diferencia, lo distintos y agiles que son los debates allá, frente a los acotados y acartonados de aquí.

Estamos en vísperas de las primarias en Iowa, New Hampshire y Carolina del Sur. Los resultados en estos estados, si bien tienen su grado de importancia, dado que algunos candidatos, abandonan el proceso; tampoco definen los resultados. Por el peso específico de los votos y sobre todo porque estos primeros estados no son representativos de toda la sociedad norteamericana, por su población predominantemente blanca; después en febrero y marzo, vendrán otros estados con presencia significativa de votantes afroamericanos y latinos.

En este momento, casi inexplicablemente por el Partido Republicano Donald Trump encabeza las preferencias, con la simpatía de la población blanca más conservadora y menos ilustrada, racistas y nacionalistas a ultranza, en segundo lugar, Ted Cruz, que le disputa casi los mismos simpatizantes y comienzan a perfilarse otros liderazgos más racionales, más centristas, más identificados con el votante republicano, como: Marco Rubio, Ben Carson y Jeb Bush.

Por el Partido Demócrata, la lucha es entre dos precandidatos: Hillary Clinton y Bernie Sanders. Este último ha crecido en las preferencias e incluso no sería remoto que ganara en New Hampshire por ser este estado limítrofe del de Vermont, del cual es senador. Y en esta contienda podríamos ver a un independiente, Michel Bloomberg, de quien en los próximos días, oiremos mucho hablar de él. Habrá que estar atentos a la evolución del proceso electoral, porque pudiera haber repercusiones muy, muy negativas para México, sobre todo si ganara Trump, y sí, sí pudiera ganar, debemos de estar atentos.
** “En lo cierto no hay lugar para conjeturas”.