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La epidemia

  • Pedro Peñaloza

1. La convivencia indeseable. Las recientes cifras dadas a conocer por organismos oficiales muestran indicadores que dibujan un proceso creciente de robos y homicidios. En 2016, 74.5% de los robos a transeúnte fueron con violencia, cuando los primeros cinco meses de este año la estadística subió a 76.6%. La misma tendencia a la alza se presenta a nivel nacional en los homicidios dolosos, según las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Mientras el año pasado 61.3% de estos homicidios se cometieron con arma de fuego, este año representan 65.7% del total. Es decir, que el promedio mensual de robos violentos a transeúnte pasó de cinco mil 460 en 2016 a seis mil 598 y, el promedio de homicidios dolosos pasó de mil 712 a mil 983, respectivamente.

No confundamos peras con manzanas. Expliquémonos: el robo a transeúnte es un delito que tiene una gran cifra negra y que se ha convertido en una de las principales actividades que generan miedo colectivo y que detonan la percepción de inseguridad, dinamitando la cohesión social y expandiendo el miedo al “otro”. Un elemento que no hay que perder de vista en los asaltos a transeúntes y en el transporte público es que estamos frente a un hecho social que debemos analizar longitudinalmente, nos referimos a que en realidad los pobres, en la mayoría de los casos, le roban a los pobres, lo cual nos puede permitir construir radiografías de la violencia urbana y segmentar los territorios que resultan más propicios para que se dé este fenómeno interclasista.

En contraste, el homicidio es el delito que tiene menos subregistro y es el que se usa para medir los niveles de violencia.En ese contexto, debemos recordar que la Organización Mundial de la Salud considera como una epidemia de violencia cuando en un país se rebasa 10% de los homicidios por cada 100 mil habitantes. En México,de acuerdo con el Centro de Investigación de Crimen Organizado Internacional InSighCrime, en su informe de 2016, la tasa de homicidios se ubica en 16.2. Con lo cual se puede afirmar, con toda responsabilidad, que nuestro país atraviesa una epidemia de violencia.

2. Reclamo social e incapacidad penal. Mientras amplios segmentos sociales padecen ataques a su integridad física, el gobierno resulta ineficiente para detener a quienes violentan la ley. Veamos: en el país se han registrado 70 mil 122 homicidios dolosos entre 2014 y los primeros cinco meses de este año, sin embargo, en ese periodo el ministerio público federal únicamente ha tomado bajo su esfera de investigación 415, de acuerdo con reportes de la PGR y números del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (La Jornada, 2/07/17, p.4). En el marco de esta violencia, es obligatorio mencionar el terrible fenómeno de las desapariciones forzadas que de 2011 a la fecha pasaron de tres mil a 30 mil, según el exrelator de la ONU, Ariel Dulitzky, en donde también el Estado mexicano se ha mostrado negligente e inepto.

Epílogo. El panorama de las violencias en nuestro país tiene múltiples vectores y explicaciones, lo que se observa es la ausencia de una política de Estado que se oriente a trabajar en las génesis de estas violencias. Seguramente no se actúa con esta mirada porque no interesa proteger a las mayorías vulnerables e indefensas. Sí, el Estado mexicano se convirtió en un simple protector de las ganancias capitalistas y contenedor de la vorágine de la desigualdad social.

pedropenaloza@yahoo.com/@pedro_penaloz