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La era de la política falsa

  • Paul Krugman

  • Paul Krugman

El jueves, según una estimación aproximada, los empleadores despidieron a 75 mil estadunidenses. Algunos de esos trabajadores encontrarán nuevos empleos buenos, pero muchos terminarán ganando menos y algunos quedarán desempleados durante meses o años.

Si eso les suena terrible y se preguntan qué catástrofe económica acaba de suceder, la respuesta es que ninguna. De hecho, yo solo supongo que el jueves fue un día normal en el mercado laboral.

La economía estadunidense es, después de todo, enorme, emplea a 145 millones de personas. En un mes promedio hay 1.5 millones de separaciones “involuntarias” del trabajo (en comparación con las renuncias voluntarias) o 75 mil por día laboral. De ahí mi cifra.

Sin embargo, ¿por qué digo esto? Para resaltar la diferencia entre una verdadera política económica y una falsa que, a últimas fechas, ha estado acaparando demasiada atención en los medios de información.

La política real, en un país tan grande y rico como Estados Unidos, implica grandes cantidades de dinero y afecta a amplios sectores de la economía. Desde luego que derogar la ley de atención asequible, que quitaría cientos de miles de millones de dólares en subsidios a los seguros de las familias de ingresos bajos y medios, y causaría que alrededor de 30 millones de personas perdieran su cobertura, cabría en esa categoría.

En comparación, está la nota que dominó en varios ciclos noticiosos hace unas semanas: la intervención de Trump para evitar que Carrier llevara empleos a México. Algunos informes dicen que se salvaron 800 empleos estadunidenses; otros indican que la compañía solo remplazará a los obreros con maquinaria. Sin embargo, aún si se acepta ese giro positivo, por cada trabajador cuyo empleo se salvó con ese acuerdo, alrededor de cientos otros lo perdieron el mismo día.

En otras palabras, pudo haber sonado a que Trump estaba haciendo algo sustancial al intervenir con Carrier, pero no fue así. Se trató de política falsa; un espectáculo para impresionar a los pueblerinos, no para obtener resultados reales.

Lo mismo es válido para la superpublicitada decisión de Ford de añadir 700 empleos en Michigan o, para el caso, la denuncia de Trump contra la General Motors, la cual desafía a los datos, porque ella fabrica el ChevyCruze en México (esa planta es, principalmente, para los mercados extranjeros, no para Estados Unidos).

¿El Gobierno entrante tuvo algo que ver con la decisión de Ford? ¿La presión política puede cambiar la estrategia de GM? No se puede decir que importe: caso por caso, la intervención desde arriba nunca va a tener un impacto significativo en una economía de 19 mil billones de dólares.

Entonces, ¿por qué esas noticias están ocupando tanta atención de los medios?

El incentivo del Gobierno entrante para involucrarse en la política falsa es obvio: es la contraparte natural del populismo falso. Trump ganó un apoyo abrumador en el electorado blanco de clase trabajadora, que creyó que él estaba de su parte. No obstante, su verdadera agenda política, además de la inminente guerra comercial, es el republicanismo moderno común: enormes exenciones fiscales para los multimillonarios y recortes salvajes a los programas públicos, incluidos los que son esenciales para muchos de los votantes de Trump.

Entonces, ¿qué puede hacer él para continuar con el timo? La respuesta es, intervenciones espectaculares pero triviales que se pueden presentar como algo que salva algunos empleos por aquí y por allá.

Lo siento pero los titulares que repiten los dichos de Trump sobre los empleos salvados, sin transmitir la falsedad esencial de ellos, son una traición al periodismo. Esto es cierto aún si, como sucede a menudo, los artículos, al final, son de muy pocos párrafos y evitan desacreditar la superpublicidad: muchos lectores, si no es que la mayoría, tomarán el titular como validación.