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La gradual devaluación del peso es producto de nuestra falta de competitividad / Alejo Martínez Vendrell

  • Alejo Martínez

En estos últimos meses estamos enfrentando síntomas o fenómenos muy preocupantes. Por un lado, una persistente devaluación del peso, por el otro un desequilibrador desplome de los precios internacionales del petróleo. En cuanto al tipo de cambio hemos saltado, en términos gruesos de 13 a 18 pesos por dólar, mientras que el precio del crudo se ha derrumbado de unos 90 dólares por barril a tan solo unos 25. El impacto para la economía mexicana, y en particular para las finanzas públicas es muy considerable, aún cuando todavía no hayamos sentido plenamente tal impacto en las bolsas y bolsillos de la población.

Se argumenta que se trata de dos factores que están fuera del control del Gobierno mexicano, ya que por un lado se está experimentando en muchos países del mundo una presión contra sus monedas por una inusitada revaluación del dólar, y por el otro porque el control sobre el desplome de los precios del petróleo tampoco está al alcance de nuestras capacidades de intervención. Esto es cierto, pero tendríamos que tener también en cuenta que en lo esencial las devaluaciones monetarias, como la que ahora estamos experimentando, dependen esencialmente de la competitividad del aparato productivo de un país y justo ahí es donde estamos fallando.

El caso de Estados Unidos de América (EUA) es por completo atípico dado que el nivel o paridad cambiaria de su moneda no depende tanto de su competitividad productiva, como de la credibilidad en el mundo respecto a la estabilidad y poder adquisitivo de su dólar. No deja de ser sorprendente e impactante que el país que ostenta el más elevado déficit de cuenta corriente no solo del mundo sino también de toda la historia de la humanidad, lo cual revela falta de competitividad de su aparato productivo, se esté dando el lujo de ver que su moneda se revalúa con tan solo anunciar e implantar un ligero aumento en sus tasas pasivas de interés.

EUA ha padecido en los últimos años un déficit de cuenta corriente que ronda los 400 mil millones de dólares cada año. Pero esa gigantesca cantidad de dinero que se acumula a lo largo de los años y que tendría que pagar a quienes le han estado exportando bienes y servicios, la puede financiar en gran medida cuando la Reserva Federal (FED) pone a funcionar la maquinita que fabrica billetes verdes. El asunto es que los dólares son aceptados y circulan con sorprendente fluidez por todo el mundo, en virtud de que gozan de una extraña confianza de la comunidad internacional.

En México no nos podemos dar ese extraordinario lujo. Aquí, para financiar nuestros tradicionales déficit de cuenta corriente lo tenemos que lograr mediante el superávit obtenido por ingresos de inversión extranjera directa (IED), inversión extranjera de cartera o deuda externa y si bien en el corto plazo pueden ayudar a compensar el citado déficit, en el mediano y largo plazos tienden a generar más egresos que ingresos, por ello nuestra desembocadura lógica ha sido por lo general una devaluación, sea ésta abrupta como las padecidas en 1982 y 1994-95 o gradual como la que ahora estamos padeciendo, pero en cualquier caso todas son producto natural de la falta de competitividad de nuestro aparato productivo: importamos más de lo que exportamos, consumimos más de lo que producimos, gastamos más de lo que generamos o ganamos. Eso es lo que revelan nuestros tradicionales déficit de cuenta corriente.

El desplome de los precios petroleros y el alza de las tasas norteamericanas de interés lo único que propiciaron fue poner en mayor relieve una lastimosa falta de competitividad ya existente desde hace tiempo. De ahí que la gradual devaluación, que ha tratado de ser contenida por el Banco de México (Banxico) inmolando en el mercado miles de millones de dólares, no haya servido de mucho. La enorme cantidad de reserva de divisas que ha llegado a rebasar los ¡180 mil millones de dólares! podría tener un mucho mejor uso, pero ese tema podría ser materia de otro breve texto.

amartinezv@derecho.unam.mx   @AlejoMVendrell

Disfrazan nuestra falta de competitividad factores como el que más del 80 por ciento de nuestros intercambios sea con un país de moneda muy sobrevaluada.