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La gran sonrisa

  • Mujeres en busca de sexo / Celia Gomez Ramos

Siempre me he considerado una persona bastante tranquila -aunque inquieta-, de esas que van por el mundo más de observadoras e intentando tener el control sobre su vida. Soy pésima para desvelarme; mientras que disfruto cantidad levantándome de madrugada, las 4:00 de la mañana, a comenzar el día. Hace mucho tiempo, desde niña, decidí que lo mío era escribir, pero si era tan tranquila, y no buscaba aventuras y peligro, de qué escribiría…

Tengo suerte, y ella radica en que tengo una gran capacidad para recibir en mi vida las sorpresas y situaciones inesperadas. Lo importante, pienso, es la compañía, eso ha sido lo que siempre ha enriquecido mi vida.

Así ocurrió una ocasión, que había terminado con una responsabilidad laboral y me fui de viaje con mis amigas entrañables. Durante el trayecto,viajábamos en mi automóvil, se desbieló. Pues bien, que tomando la vida con filosofía, hablamos por teléfono para que fuera la grúa, a la que esperamos en una población pequeñísima, pero que tenía una tiendita con cervezas, y afuera, una mesita. Mientras llegaron para llevarnos a Veracruz, disfrutamos bebiendo unas frías. Para qué llorar. Después, pedimos un vaso de plástico para tomarnos la segunda ronda, que acabábamos de pedir y no íbamos a desperdiciar. Nos trepamos al remolque, y disfrutamos el viaje.

El carro se quedó en Veracruz, mientras daban el diagnóstico y costo de la reparación. No estábamos seguras que fueran las bielas. Total, acabamos el viaje sin acongojarnos, y un par de semanas después, supe lo que tenía mi auto y fui por él con mi padre, para que lo repararan en la Ciudad de México. Costó muchísimo dejarlo bien, y hasta entonces fue que me preocupé, a la hora del desembolso…

Por esos días, una tía muy querida mía, iría a visitar a mis primos, que estaban viviendo en Estados Unidos. Irían a Las Vegas, a recorrer ciudades, y me invitaron. Yo había quedado sin dinero, pero mi primo Fer, al que le iba muy bien, me dijo que él me pagaba la estancia, y allá vamos pues, en una de mis aventuras más divertidas…

En Phoenix, llegamos a un hotel muy sencillo y dejamos a mi tía descansando, mientras nosotros nos fuimos en busca de bar… Probamos unas como gelatinas con alcohol, en un ambiente muy relajado, así que regresamos pronto a la habitación… Al llegar, ve mi primo que por las ventanas corren cucarachas. Habla a la recepción, les reclama y les dice que nos vamos, que no vamos a pagar ninguna habitación con cucarachas. Viajábamos en coche, una vez más. Así que despertamos a mi tía, diciéndole que venía la policía, porque no íbamos a pagar la habitación que tenía cucarachas, y mi tía, más acostumbrada que yo a la tranquilidad, se aceleró terrible y se vistió sobre la pijama, gritando asustada. Salimos del cuarto destapados y viajamos toda la noche, para ver clarear el día en las playas de California. Bien, pues son estas vivencias juntos, lo que hace a las personas entrañables.

Cada vez que nos encontramos, volvemos a las andadas y tenemos anécdotas divertidísimas. Hoy mi primo vive en México, pero mi prima Sam sigue en Estados Unidos. Vino unos días al cumpleaños de su hermano.

Ayer precisamente estuvo en casa, y por eso les escribo esto. Es más, hace un ratito que se marchó.Mis primos se fueron a una cantina por la tarde y quisieron que llegara, pero me fue imposible, y entonces, mi prima decidió llegar a casa en la noche. Me pidió un shot de algo… Yo le di primero una crema de mezcal de guanábana que traje hace unos días de Oaxaca, pero dijo que quería algo fuerte. Total, le serví un caballito de tequila Herradura blanco –que es el que me gusta- y se lo tomó de un trago. Obvio, a la media hora, caería fumigada.

Había buscado un exgalán, para encontrarse con él. A mí, que me tenía enfrente, ya no me respondía, pero sí le marcó a él y la escuché decirle que le quería dar unos besos. El ex llegaría a la casa por ella, pero yo le di a mi prima la dirección del edificio contiguo. Realmente ya no estaba para salir, pero ella insistía. Dijo que necesitaba sexo, porque eso era lo que le daba la gran sonrisa que tiene. Que estas vacaciones aquí en México -van dos semanas-, la tienen en total abstinencia.

Bien, pues me pidió que la acompañara a esperar al tipo a la calle. Y ahí vamos, con el aire se mareó… Me entregó el celular, y repentinamente no pudo mantenerse en pie. Regresamos al departamento. Le arreglé una cama en el sillón, y cayó rendida. El teléfono sonó y sonó, mensaje tras mensaje, llamada tras llamada. El ex estaba afuera. Yo intenté contestar el teléfono, pero como tenía candado, fue imposible. Mejor así, Sam se hubiera dormido en el acto, si no es que desde subirse al coche. Mi prima me dice hoy por la mañana, pues ya ni modo, se tardó mucho en llegar. ¡Qué agallas! Yo me río, y les cuento, porque siempre será rica mi vida, por las grandes historias que me brindan los otros.

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