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La grandiosa complejidad de la sencillez / Camilo Kawage

  • Camilo Kawage

1.- La lección más trascendente de la sabiduría es la inmensa humildad con que se pronuncia la palabra y la profundidad histórica del mensaje. El pensamiento privilegiado de este Papa, que mueve montañas, la claridad de su palabra y la nitidez de su persona han dejado, en su visita a Estados Unidos, una huella para seguir con cuidado y seriedad. Artífice de un imposible en nuestro tiempo, como fue la reanudación de relaciones diplomáticas entre Cuba y el poderoso vecino común, con un talento, una capacidad de persuasión y una habilidad política acordes a su aparatosa sencillez, calidades que además subrayó al visitar ambos países de forma consecutiva, con plena conciencia de la importancia de los símbolos, Francisco marca la pauta de la época.

2.- Más allá del número de católicos en Estados Unidos, calculado en 20 porciento, el Papa le habla a la nación, a los líderes políticos igual que a los pobres; a los opulentos igual que a los desposeídos; se mueve con la misma familiaridad entre el presidente Obama, los líderes del Congreso –a los que sacudió con su persona y su mensaje, al grado que el presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner presentó su renuncia al cargo y a su puesto de legislador apenas dejó Francisco el Capitolio-, que a la niña de origen mexicano que se le atravesó en la calle y pidió que la acercaran a él.

3.- Atareados, atorados y aturdidos como nos encontramos los mexicanos en ocasión del triste otoño de nuestro descontento, el mensaje del obispo de Roma, expresado en sus discursos en la sesión solemne del Congreso en Washington, así como en la Asamblea General de Naciones Unidas, pareció no cobrar la creciente trascendencia que tendrá en el pensamiento de las personas y de los líderes hacia el avance de nuestro siglo. El espíritu de servicio en éstos, y la voluntad de unidad y concordia entre aquellas, son el eje de su contundente, alentadora y cálida palabra.

4.- Los excesos del capitalismo que provocan desigualdad; el irrespeto a la dignidad de la persona; la soberbia del poder fueron línea en su mensaje en el Capitolio, así como la migración, el racismo y la discriminación que no pueden regir en un país fundado por inmigrantes, hijo orgulloso él mismo de inmigrantes a la Argentina. En Nueva York, la Asamblea brincó al oír del chantaje de que hacen objeto a Naciones Unidas las potencias para justificar la guerra, el tráfico de personas, de armas y de drogas, azotes de nuestro día que mencionó con todas sus letras, tráficos que se combaten “pobremente”.

5.- A curar las heridas abiertas de un planeta lacerado por el odio, el encono, la pobreza y la contaminación, llamó el Pescador, con la claridad y la sencillez que han marcado su vida, su vocación y su apostolado. En un mensaje que nuestros gobernantes deberían aprender de memoria, urgió a infundir y restaurar la esperanza, cumplir los compromisos y promover así el bienestar de los individuos y de los pueblos. Debemos avanzar juntos, como uno solo, en un renovado espíritu de solidaridad y fraternidad y cooperar generosamente hacia el bien común, dijo citando a Martin Luther King. No solo estremeció al Congreso, sino a todos los que lo escucharon.

6.- Más allá del jefe de la iglesia católica, este líder de talla universal piensa y actúa adelante de su tiempo. Si su cercano antecesor logró la caída de la cortina de hierro, éste quiere, y va a alcanzar, la caída de la miseria, el odio y la avaricia, y el resurgimiento de la honestidad, la esperanza y la fe. Mucho que aprender.
camilo@kawage.com