imagotipo

La hipócrita sociedad / Razón de Estado / Joaquín R. Narro Lobo

  • Joaquín Narro Lobo

Hace unos días, distintos medios de comunicación dieron cuenta de un video que recorría las redes sociales y que mostraba el momento en el que un grupo de jóvenes golpeaban a otro hasta dejarlo tirado en el piso conmocionado. En el video de poco más de 3 minutos se observa a una turba de bestias dando una paliza a un sujeto que a los pocos segundos cae el piso y es pateado varias veces en la cabeza, hasta que el cuerpo deja de serlo y se convierte en un bulto inmóvil que reposa en el pavimento. Las imágenes dan cuenta de una mujer que intenta proteger a su compañero, pero en varias ocasiones es golpeada hasta que los golpeadores huyen en un par de vehículos a los que perfectamente se les distinguen las placas.

Después de ver el video en varias ocasiones, estaba seguro que vendría una marea de críticas y reflexiones sobre la barbarie de quienes golpearon a quien después sabríamos se llama Kevin Manuel. Silencio. Morbo y silencio. Condena, morbo y silencio. La nota pasó como algo digno de reproducir para ver los golpes, consternarse unos minutos, señalar que se trataba de cobardes pandilleros y olvidar. Dejar pasar. No imagino el revuelo que la nota hubiera tomado si entre los golpeadores hubiera estado un diputado, el líder de un partido político o un alto funcionario de cualquier Gobierno. Ahí no hubiera existido ni el silencio ni el olvido, sino la crítica pujante hasta lograr la destitución y la más enérgica sanción. Pero no. Los golpeadores de Kevin Manuel no merecieron este trato por parte de la sociedad.

Aprovecho el caso que hemos comentado porque me preocupa la actitud de la sociedad, una que se ha convertido en observadora de todo lo que sucede en torno a la vida pública, pero que cada día demuestra más su incapacidad para mirar hacia adentro. No he escuchado a los grandes opinólogos pontificando sobre la barbarie de los golpes ni he visto las redes sociales atestadas de críticas y llamando a una reflexión sobre la violencia que quedó patente en un video de poco más de tres minutos. A nadie le ha merecido la pena hablar del tema como la oportunidad de reflexionar sobre la educación y los valores que estamos transmitiendo a nuestros jóvenes y la necesidad de empezar a cambiar si pretendemos enderezar el rumbo de la sociedad.

Después del silencio me ha quedado clara una cosa: somos críticos por el papel que juega el actor de un escándalo y no por el escándalo mismo. Criticamos a quien sube sus vehículos a la banqueta porque se trata de un empresario o al líder sindical que porta en la muñeca un reloj de decenas de miles de dólares, pero somos incapaces de reflexionar un poco acerca de la falta de respeto a la norma más elemental o de la corrupción imperante en nuestra sociedad. Como los golpeadores de Kevin Manuel son unos desconocidos, la paliza no amerita reflexión. ¡Ah, qué hipócrita sociedad de la que todos somos parte! ¿Cuándo será el día en que nos demos cuenta que los problemas que nos aquejan son causa de nosotros mismos?
joaquin.narro@gmail.com /Twitter @JoaquinNarro