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La importancia de no subestimar

  • Federico Ling Sanz

Tenemos muchos ejemplos a lo largo de los últimos días y los últimos meses. No hay que subestimar a nada o a nadie, especialmente en términos políticos, porque corremos el enorme riesgo de equivocarnos. Dicho de otra manera: “no hay enemigo pequeño”, pero el mensaje de fondo es: las cosas pequeñas importan; y si no las atendemos, crecerán hasta devorarnos. Veamos tres ejemplos.

Primero: Donald Trump. Nadie daba “un peso por él”. Es decir, todos subestimamos al precandidato y pensamos que jamás crecería al nivel de convertirse en el único nominado viable del Partido Republicano para gobernar a Estados Unidos. Ahora con la nominación “en la bolsa” y con Hillary Clinton llena de problemas por el tema del correo electrónico oficial, se antoja probable que el magnate llegue a la Casa Blanca. Todo mundo creímos que este escenario jamás sería posible, pero ahora es prácticamente un hecho. Debimos hacer algo antes, cuando todavía era posible detenerlo. México debió alzar la voz mucho antes y no hasta ahora.

Segundo: El caso de los jóvenes de Ayotzinapa. Para el Gobierno de México éste ha sido un tema de descalabro constante, dentro y fuera de sus fronteras. En buena medida, este asunto abona y contribuye a generar una imagen negativa para nuestro país y debió atenderse (al menos en términos de perspectiva pública) de otra forma. Quizá fueron errores de cálculo mediático, o bien, consideraciones políticas o legales, pero la realidad es que se dejó crecer el problema a la luz de los ciudadanos y de los extranjeros, y hoy por hoy no existe una nota de corresponsales foráneos donde no sigan haciendo hincapié en este tema tan complejo y posicionándonos como un país que no ha cumplido sus metas en materia de derechos humanos, seguridad, combate a la violencia, etc.

Tercero: Andrés Manuel López Obrador. El eterno aspirante a la Presidencia de la República no descansa. Lleva casi 18 años en campaña activa para ser el próximo Presidente de México y nadie lo creyó posible después del 2006. En ese momento tuvo la oportunidad de ganar las elecciones y no lo hizo por un margen francamente mínimo, generando problemas serios para Felipe Calderón al momento de gobernar. No solamente eso, sino que decidió armar un plantón en Reforma durante meses que afectó a miles y miles de ciudadanos capitalinos y comerciantes que se fueron a la quiebra; se autonombró Presidente Legítimo de México en el Zócalo y se colocó una Banda Presidencial apócrifa y “tomó posesión del cargo”. Después de tremendos disparates, y con los negativos que ello ocasionó en su imagen, honestamente todos pensamos que sus posibilidades de ser Presidente estarían por los suelos. Vino el 2012 y lo comprobamos, en donde no logró ganar la elección tampoco. Pero ahora de cara al 2018, francamente parece que sus posibilidades vuelven a remontar. Si queremos saber el desenlace de esta película, hay que voltear los ojos al norte y ver lo que sucede con Donald Trump.

Luego entonces, la conclusión que esto nos deja es simple: nunca menospreciemos los pequeños detalles, porque tienen todo el potencial de crecer, hasta convertirse en verdaderos problemas. Allí tenemos el caso y el ejemplo concreto de tres ocasiones en que subestimamos a los actores políticos, y resulta que ello fue un error estratégico. En la vida pública y política nada es casualidad, y tampoco nadie está lo suficientemente arriba para no caer nunca, ni lo suficientemente abajo para despuntar después.

www.federicoling.com y @fedeling

*Maestro en análisis político y medios de información