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La impunidad mexicana abriendo fronteras / René Arce

  • René Arce

Cuando se realizan las encuestas de percepción de la población hacia las diferentes instituciones o personas públicas, se ve que en el imaginario colectivo lo que está en el área de la política es de lo más castigado en confianza. El problema es que la clase política hace poco o todo lo contrario para revertir dicha tendencia.

El caso de Humberto Moreira es un hecho que indigna -y con toda razón- a la opinión pública, ¿Cómo es posible que un gobernador que endeudó a un Estado por más de 30 mil millones de pesos no tenga un juicio en su contra? Y ¿Cómo es posible que cuando se le iba a juzgar en otro país se haya operado para su retorno a México?

Lo que queda patente es el gran cáncer priísta al cual se niegan los propios líderes y militantes a hacerle frente: la corrupción e impunidad de sus dirigentes. Sería poco objetivo el no reconocer avances en el Gobierno de Enrique Peña Nieto, como las Reformas Estructurales, pero también es cierto que en el problema de la corrupción se ha mostrado contundentemente ineficaz, pero por un problema de voluntad política.

Ahora que regresa Humberto Moreira en calidad de dañado por el proceso iniciado en España y que manifiesta su intención de competir por un puesto de elección popular deja dos cosas claras: la primera, que cuenta con el apoyo del Presidente de la República y de su partido, el PRI, para llevarlo eventualmente a tener un cargo popular en el futuro próximo; y dos, que la búsqueda de ese cargo popular como diputado o senador es para la obtención del fuero.

Es hora de que toda la indignación que producen casos como los de Humberto Moreira generen algo más que una respuesta de corto plazo en redes sociales. Hay que pasar al debate de la reforma de las instituciones para que no se puedan presentar más casos así y que si pasan reciban un castigo.

Discutamos la existencia del fuero para los servidores públicos, su necesidad en el pasado y la necesidad actual; discutamos los conflictos de intereses ¿quiénes están detrás de las acciones de Gobierno y que son beneficiados con contratos multimillonarios?; discutamos las redes de corrupción, no es solo Humberto Moreira, hay muchas personas implicadas ¿quiénes son?; discutamos el lavado de dinero y la extinción de dominio, debemos recuperar los recursos que fueron retirados de las cuentas públicas.

Hay mucho que discutir para producir mejores leyes y mejores instituciones, debemos abrir la discusión a la sociedad para que participe y volverla a vincular en los procesos de construcción social e institucional. La clase política debe darse cuenta que se necesita de la participación de la ciudadanía más allá de la jornada electoral.

No se puede seguir separando más la clase política de la realidad social, los casos de corrupción de este sexenio y el trato que les ha dado el Gobierno de la República afecta directamente a nuestra incipiente democracia. Si la población no ve que los corruptos -sea quien sea- no reciben un castigo, nuestra democracia y sistema de partidos que costaron tanto construir, van a correr un riesgo de retroceso muy fuerte.

Debemos demostrar que la lucha por la democracia de tantos años atrás sirvió como una herramienta de emancipación social, debemos considerar que por las acciones realizadas del sexenio, la realidad de esa lucha está lejos de encabezarla el PRI. Tendrán que ser otros partidos quienes de la mano de la sociedad civil, encabecen la lucha en defensa de las instituciones mexicanas y en contra de quienes atenten contra las mismas. Que no existan más Moreirazos de impunidad.
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