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La industria de los derechos humanos / Camilo Kawage Vera

  • Camilo Kawage

1.- Cuando se rompe la fina línea entre la Política de Estado de derechos humanos y el avaro y burdo lucro, éstos se convierten en redituable tráfico mercantil para las camarillas de profesionales de la mercadotecnia que los explotan y los exprimen a conveniencia, se presentan crisis como la que desde hace poco más de un año nos oprime, nos mortifica y nos exhibe ante el mundo como una sociedad de bestias con un Gobierno tiránico a la medida. México no superará pronto este estado de cosas, pero es uno de los temas a los que no podemos acostumbrarnos, como la violencia en todas sus formas, el chantaje, la sospecha y las mentiras convertidas en verdades a base de su insensato e incesante ladrido.

2.- En ese ambiente contaminado, cualquier avance o logro del Gobierno seguirá siendo estéril, y ninguna política de comunicación social –la del actual bastante demeritada y pobre, por cierto-, tendrá el efecto de atenuar la precepción de yerro y fracaso que impregna el sentir de muchos, y que se ha vuelto generoso botín para quienes medran con la opinionitis y suben de clase social con sus ganancias. Tiempos en que todos somos expertos peritos en criminalística, ciencias de las desapariciones, pirofagias y triturados, la correctez política lleva al extremo de cargar a Peña Nieto la culpa de todos los infortunios que nos advengan hoy, en el futuro y en el más allá.

3.- Si los profesionales analistas financieros de los organismos internacionales dan a México las más altas calificaciones y proyectan, por citar uno, que nuestro país será el único en la región que registre incremento del PIB este año y el que sigue, que la economía de la nación muestra índices favorables hacia una recuperación de la tasa de crecimiento como previsto previo a la debacle del petróleo, si la inversión extranjera directa y los empleos formales aumentan, si se acaba el nefasto poder de la CNTE, eso no importa. Lo correcto es ahondar la llaga.

4.- Sería bueno aprovechar el viaje y señalar a Peña Nieto culpable de dirigir un país de genios prestidigitadores, en el que los territorios más ricos del mundo, caso de los estados de Sonora, Guerrero y Michoacán se encuentren en bancarrota, y en el que emporios industriales, ejemplo del genio y la tenacidad secular, como Nuevo León, estén quebrados, de que los gobernadores que así los dejaron no son ilusionistas: solamente se robaron el dinero público, hicieron todos los negocios privados que les dio tiempo, y cancelaron el futuro de su población, sin la menor sutileza y a los ojos de todos. Y falta la joya de la corona, que es Veracruz, saqueada.

5.- Cárguesele también la maniobra de la poderosa oligarquía de Monterrey de una arriesgada apuesta a mediano plazo, en la que debe entenderse que un tipo serio y de trayectoria llevará el Gobierno, mientras colocaron al frente a un payaso populista con los rasgos precisos para hacer contrapeso válido a nuestro duce local hacia 2018. Gambito que si ganan, la victoria será para los diablos regios, si lo pierden, será por supuesto derrota de Peña Nieto. Signo de los tiempos e ingeniosa operación que, en una de esas, puede tener éxito, pero que seguro no emprendieron a tontas y a locas.

6.- En tanto la sociedad vuelve al cauce institucional, a la normalidad de la vida y a la sonrisa del amanecer, pasará un tiempo para restaurar un valor que a los mexicanos nos es innato, el respeto entre nosotros y la confianza en las autoridades. Ésta, es irrenunciable obligación de los gobernantes.

camilo@kawage.com