imagotipo

La inmundicia del ataque a Joaquín López Dóriga / Isabel Arvide

  • Isabel Arvide

El miércoles 30 de septiembre, la primera plana del diario La Jornada destacaba la información de la comparecencia de Miguel Osorio Chong con los senadores. Otro tanto hacía El Sol de México, a diferencia del resto de los periódicos de circulación nacional.

Difícil sería afirmar que ambos medios comparten línea editorial. La coincidencia se originó en la importancia informativa del tema. Lo anterior bastaría, como está el ánimo social de enervado, para fustigar a los dos diarios como “gobiernistas” y cosas peores.

Esta descalificación a priori, que no resulta admisible, es una constante que muestra el encono social que está conformando una visión parcial y violenta de lo que sucede en el país. De tal manera que lo único “políticamente correcto”, según algunos sectores de opinión, es insultar al Gobierno o ignorarlo.

Esas mismas voces, que en mayoría obedecen a consignas políticas o de una rigidez de pensamiento rayana en la estupidez, tienen la consigna de vilipendiar a todos aquellos que asocian con lo institucional. Esta es la lectura que explica el reportaje publicado en la revista Proceso difamando a Joaquín López Dóriga.

Tal parece que la moda es subirse al tren de la afrenta, sin ningún rigor periodístico, sin pruebas, sin investigación que sostenga los dichos, y todavía peor con un documento falso en la portada.

¿Por qué? La respuesta está en la empresa Televisa que de manera absurda se ha convertido en el blanco favorito de grupos sociales. Porque sí, porque viste atacarla, porque en la caótica revoltura de valores lo incorrecto es ver los programas, sean telenovelas o noticieros, de esa empresa, en lugar de “cautivarse” con la magnificación de narcotraficantes y corrupción como “El Señor de los Cielos”.

En la persecución de un escándalo, el semanario no se ha dado cuenta de que ha hecho “héroes” a quienes su fundador tanto fustigó, igual a políticos cuyo Gobierno está plagado de corrupción y violencia, como es el caso de Zeferino Torreblanca, que a empresarias que pretenden restregarnos en la cara su inmenso poder económico, como es la señora Aramburuzabala.

Así, Proceso convierte a los malos de la película en seres impolutos para ensañarse con Joaquín. El telón de fondo, lo importante como argumento que no prueban, es que se habría enriquecido a partir de la extorsión.

Al publicar esto, se vomitan en la cara, utilizan un argumento que desde Los Pinos ha servido para retirarles publicidad. Recordemos aquello de “No te pago para que me pegues”. Es tan simplista, estúpido incluso, plantear que un político, un gobernador, un funcionario público pueda acercarse a López Dóriga y ofrecerle dinero a cambio de “impunidad” o apoyo, que solamente los tontos pueden creerlo.

Pero. ese es el público al que se dirigen, a los tontos crédulos que son manipulados por presuntos líderes de “Izquierda” que en el mayor primitivismo gritan que hay que destruir a los que no piensan como ellos.

Bastaría hacer un análisis comparado del manejo informativo de los espacios mediáticos responsabilidad de López Dóriga, su página en Internet, su programa de radio, su columna diaria en Milenio, el noticiero de Televisa, para darse cuenta de su apertura informativa. Otra vez me refiero a la coincidencia de las primeras páginas con la nota de Osorio Chong.

¿Qué persiguen estos falsos “dioses” del periodismo que se sienten dueños de la verdad? Lo que olvida Proceso es darnos una explicación de la reunión, llena de “sospechosísmo”, que tuvo Julio Scherer con uno de los más buscados jefes del crimen organizado, sin entrevistarlo.

Joaquín López Dóriga ha ejercido el periodismo más de 40 años en diversas trincheras, no hay un político o funcionario que pueda decir que ha sido extorsionado por él. Ni siquiera ha utilizado sus espacios para defenderse de la inmundicia vertida sobre él y su esposa, Adriana, que no merece una sola de las mentiras absurdas que se han publicado.

Si el tema es publicidad, bien harían sus analistas en dirigirse al Gobierno y cuestionar, pero de verdad, a fondo, qué medios reciben publicidad aunque estarían escupiendo al cielo. La primera página del semanario donde publican el reportaje contra Joaquín está pagada por el Gobierno de la Ciudad de México, la página 19 por la Fundación Teletón, la 25 por la SEP, la 29 por la SHCP… ¿Esta publicidad es producto de extorsión?…

En Twitter: @isabelarvide

Blog. EstadoMayor.mx