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La innovación gubernamental, ¿necesaria?

  • Bogart C. Montiel Reyna

Los servidores públicos requieren de insumos y recursos especializados, pero además demandan de procesos, de sistemas de información, de normas que fomenten la eficacia y la eficiencia, así como de la aplicación de tecnología. Los beneficiarios a final de cuentas serán los ciudadanos.

La historia de la sociedad da cuenta de una evolución tendiente a satisfacer sus necesidades a través de instituciones, entre ellas el Estado, mismas que demandan la creación de estructuras debidamente organizadas, mismas que solo son viables mediante la participación de individuos concentrados en generar la satisfacción de las necesidades. El objetivo es sin duda, el beneficio de la sociedad.

Acerca de estos conceptos mucho se ha escrito, de forma aislada, por cierto, con diversos enfoques y desde diversas disciplinas, tales como la administración, economía, ingeniería, informática o el derecho, lo que en muchos casos provoca visiones sesgadas o incompletas en cuanto a lo que un proceso de innovación requiere. Así por ejemplo, el administrador podría generar un proceso que solo genere ahorros, mediante la eliminación de una actividad regulada por la Ley, o un informático puede crear un sistema que demande mayor actuación humana, sin que ello produzca un costo beneficio positivo, o que tal un abogado que genera una norma sin considerar el costo que su cumplimiento requiere.

Es por ello, que los procesos de innovación deben implementarse con orden, a través de grupos interdisciplinarios y con un método planeado, acordado y dirigido por la máxima autoridad en la institución de que se trate, el líder de proyecto o de implementación y los actores involucrados en tal proceso.

Hasta aquí, se intenta al menos ser lógico y se aspira a ser claro en lo que el reto de la innovación representa ¿Qué fácil, verdad?.

Pretendiendo aportar una ruta crítica para lograr la innovación gubernamental, aplicando en ello la experiencia personal, familiar, profesional y laboral acumulada en ya varios años, se aconsejan al menos los siguientes pasos:

Punto de partida: Es necesario preguntarnos ¿Cuál es el estatus operativo, normativo, político y social en el que se encuentra el ente público? Para de ese modo conocer la capacidad instalada en recursos humanos, materiales, financieros, tecnologías de la información y la comunicación u obra pública, cómo se integra y qué exigencias plantea la norma aplicable al actuar del ente, qué actores y grupos políticos son clave en la toma de decisiones y qué espera la sociedad del actuar del ente, escuchar la crítica e identificar aliados y sujetos a convencer.

Alcances: Identificar acciones según su alcance sustantivo o administrativo, en el primero identificar el listado completo de funciones, priorizar entre ellas y repreguntarse con base en ello, cuál es la Misión y Visión que se desea imprimir al actuar del ente, o si ya está definido, identificar cómo se persigue su consecución, en lo administrativo es necesario preguntarnos cómo se ejecutan las acciones, a qué costo, con o sin automatización, se miden los resultados, se cuenta con personal capacitado, se informan los resultados, se vende el actuar institucional.

Rumbo a la innovación: Revisar qué herramientas tiene el ente a su alcance, tales como matrices de funciones, procesos verticales u horizontales y su transversalidad, existencia de un plan estratégico o claridad de entendimiento del plan nacional o programa estatal o regional de desarrollo, generación de marcas y productos, desarrollo de bancos didácticos, de perfiles, elaboración de rutas críticas, etc.

Grupos de trabajo: Integración de grupos, tanto internos, en los que se puede actuar mediante núcleos por tipo de proceso o de modernización, como externos con el fin de contar con la retroalimentación de quienes participan en procesos transversales, en su caso, integrar asesores externos que acompañen con sus habilidades el proceso de implementación, ante la necesidad de los servidores públicos de dar continuidad a los trabajos y generar la innovación.

Ámbito: En este punto deberíamos cuestionarnos si la innovación de acuerdo a cada ente, debe ser solo central, debe incluir a los órganos desconcentrados, en su caso, qué ámbito se debe atacar primero e incluso saber, si se pretende impactar entes relacionados fuera del entorno.

Implementación: durante las etapas anteriores y con motivo de los resultados obtenidos en las mismas, es pertinente que en esta etapa se tengan claros, entre otros, los siguientes aspectos: la autoridad innovadora, el líder de proyecto, los auxiliares multidisciplinarios, los miembros del grupo de trabajo general, la determinación y miembros que conformarán los grupos especializados, el mapa mental que ilustre de manera gráfica, lógica y concisa la estrategia de implementación, la determinación expresa del alcance, la discusión del mapa mental (escuchar la voz del ente), obtener la validación del mapa por parte de la autoridad, declarar el arranque de las acciones, elaboración de sistema o elección de alguno de los existentes para el seguimiento de acciones, reportes de seguimiento, solución a temas que provoquen retraso o desvió, medición de los avances y actualización.
Director ejecutivo de administracion del ine