imagotipo

La izquierda que se perdió

Por Luis Humberto Fernández Fuentes*

La elección para gobernador en el Estado de México será un catalizador donde se muestre la alineación de fuerzas políticas más probable para el proceso electoral federal del 2018. Esto se visualiza con el anuncio de los dirigentes del PAN y del PRD sobre su intención de ir en una alianza en lo que llamaron un “bloque opositor”, sin duda, es una definición que tendrá impacto en el proceso electoral de 2018. Esta decisión tendrá sus ganadores y quienes pagarán altos costos.

En el  Estado de México, el PAN y el PRD serán la tercera y la cuarta fuerza política, pero en esta alineación ambos partidos se replantean: el PAN obtiene viabilidad en su proyecto presidencial, el PRD revive sus posibilidades de triunfo para la Ciudad de México y negocia espacios, como podría ser la Fiscalía General. Desde el cálculo del pequeño pragmatismo, parece sensato, pero tiene una fractura importante, en todos los escenarios el PRD se pierde como proyecto político.

La iniciativa no ha sido aplaudida por la izquierda, los liderazgos históricos más respetados como el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas la han criticado como torpe y oportunista, así como los grupos internos y gobernadores. Tampoco fue grata para el candidato a gobernador o el partido en el Estado. La desventurada idea mata no solo la posibilidad de una izquierda unida, también asfixia la posibilidad de un diálogo de buena fe.

Vivimos un momento de gran descomposición política y enojo social, la corrupción, la confusión y la voracidad han vulnerado los cimientos del Estado mexicano, por esto la elección será un choque entre dos fuerzas: quienes defiendan el status quo y quienes quieren un cambio honesto del rumbo del país. En este contexto, el PRD comete un gran error en el mejor de los casos, en el peor una negación cínica, que es partir de que hay la posibilidad de una tercera alternativa.

Esta tercera alternativa es hoy imposible, solo hay una decisión de fondo y está en el dilema entre ser parte del sistema expoliador o tratar de cambiarlo, a través de un proyecto con potencial y liderazgo. Ir por el primer camino solo conducirá al PRD a perder su esencia y renunciar a su vocación de gobierno, pero también de oposición. Se vuelve una comparsa para el logro de posiciones sin direccionalidad, proyecto colectivo, sin cálculo, sólo el pequeño pragmatismo. De materializarse esta decisión, significará sin duda un bloque opositor, pero no al poder o al Gobierno, sino a AMLO y a la posibilidad del cambio.

Los que renunciamos al PRD previmos y anunciamos este proceso, que es a todas luces contra cualquier sentido común: López Obrador ha sido candidato presidencial en dos ocasiones por la izquierda unificada, con resultados competitivos, además la inmensa mayoría de los militantes lo considera la mejor opción.

Hay esperanza y posibilidad de reencauzar el camino para unificar a la izquierda, aún hay tiempo para que el candidato del PRD decline en favor de la candidata Delfina. En todo caso también está la decisión personal y consciente de los simpatizantes de sumarse a este proyecto de
transformación.

Se definen y precipitan desenlaces, este segmento pierde toda conformación ideológica, contenido, aspiración colectiva pero también la posibilidad de futuro como fuerza independiente, mata un proyecto histórico que le fue de gran utilidad a nuestro país. La decisión de preferir al PAN frente a declinar en favor de la candidata Delfina, no se sostiene en términos históricos, políticos o ideológicos. Es la izquierda que se perdió.

*Senador por el PT-Morena

@LuisHFernandez