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La Ley de Seguridad Interior: La confusión

Por LUIS HUMBERTO FERNÁNDEZ FUENTES

La violencia y criminalidad campean por todo el país. Lejos de disminuir, los problemas se potencian en expresiones que no ocupaban la prioridad en la agenda nacional, como son los casos del robo de combustible y el asesinato de periodistas.

La respuesta del gobierno ha sido torpe, obvia e inefectiva. Pareciera que la salida universal a todos los males de seguridad es el envío del Ejército y la intermitente urgencia para aprobar la Ley de Seguridad Interior, como si eso fuera a resolver la delicada situación nacional.

Esta urgencia es, en lo esencial, un acto de pirotecnia, ya que, por sí misma, la mencionada ley no resuelve nada, no da un marco que permita la participación del Ejército en actividades de seguridad pública, ya que la Constitución lo prohíbe de manera explícita.

No tiene una ruta para el regreso del Ejército a los cuarteles, por lo que no atiende los reclamos del general secretario, tampoco fortalece a las instituciones civiles de seguridad. En síntesis, su aprobación no abona a la seguridad del país.

Es deseable una Ley de Seguridad Interior que ordene la participación del Estado frente a las anomalías institucionales, donde la incapacidad de autoridades locales y federales requiera intervenciones especiales de otras áreas, como lo es el Ejército. Pero en los términos planteados no se acerca a esta perspectiva.

La confusión se ha apoderado del Gobierno, no hay estrategia, solo reacción, muestra sus limitaciones, no sabe y no le importa la historia, no entiende el momento y supone que la defensa y favor de los propios, así como las designaciones, constituyen la esencia de los asuntos públicos.

Vivimos un momento de grandes riesgos para la Nación. El proceso electoral, la debilidad institucional, la violencia y la confusión son una ecuación peligrosa.

Para que la claridad supere la confusión, el Presidente tiene que pensar en términos de que su legado estará determinado por la situación del país al final de su mandato, y la solidez de las instituciones.

Por lo que es de la mayor urgencia y conveniencia para todos una ruta de pacificación y fortalecimiento del Estado que incluya acciones específicas para combatir la corrupción en órganos de seguridad: la reforma del Artículo 102 constitucional para crear un modelo de procuración de justicia funcional, que se apruebe e implemente el mando mixto y las leyes de control de armas, por mencionar algunas. Hay acciones más urgentes y útiles.

No, no se trata una Ley de Seguridad Interior, se trata de la incapacidad del Estado mexicano para hacer efectivo el Estado de derecho y de una clase gobernante voraz, más concentrada en la defensa de sus intereses que en abonar a la solución de los problemas nacionales.

*Senador del PT-Morena.