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La madre de Jaime Márquez | María Antonieta Collins

  • María Antonieta Collins

Desde Miami

La pobre mujer no ha tenido respiro desde el día de la masacre en San Bernardino, ni tampoco la ha tenido el vecindario en donde la mujer había vivido con su hijo Jaime Márquez toda la vida.

Desesperada, llorando en la entrada de la casa, ha hablado con los reporteros que la acosan a toda hora, desde que se supo que había sido Márquez el que había comprado las armas con las que se perpetró la masacre de 14 personas y donde 21 más resultaron heridos.

“Él creció bueno, yo no sé nada más, ni imaginé lo que estaba sucediendo” dice la mujer mientras las lágrimas se le escapan.

Ella misma quedó noqueada con la noticia de que el nombre de su hijo aparecía mencionado, tal y como quedamos miles de hispanos al enterarnos. Recuerdo estar en la redacción viendo el desarrollo de aquel horrible día, y más aún, comentar entre todos nosotros, algo que en este tipo de situaciones decimos: “Bendito sea Dios que no hay ningún nombre hispano involucrado para que las voces anti-inmigrantes no se levanten aún más, señalándonos a los latinos en un acto tan deleznable como este”.

Pero poco nos duró la tranquilidad, que se rompió en el momento que el más que hispano nombre y apellido: Jaime Márquez, trajo a colación a uno de los nuestros, implicado severamente en lo sucedido en San Bernardino. Me dice un abogado criminalista que la grabación del servicio de emergencia 911 podría ayudar a Márquez, toda vez que está grabada la conversación que, un buen abogado defensor podría convertir, dice, en un arma letal contra los que quieren encarcelarlo.

Márquez dejó siempre en claro que él habría comprado las armas, que los asaltantes se lo habían pedido y que no tuvo por qué desconfiar de todos ellos. Así se escucha en la grabación:

“Dios mío, han usado las armas que me pidieron que yo les comprara. Se escucha lo azorado de la operadora de la línea de emergencia interrumpirle para preguntarle más: ¿Qué armas? Márquez le contesta que las que se usaron en San Bernardino en aquellos momentos. “yo no quiero que me involucren en algo como lo que está sucediendo”.

Tarde pensó en eso, tuvo en su casa a decenas de agentes del FBI para llevarlo a un interrogatorio que develó más cosas que se han ido sabiendo gracias a las filtraciones a la prensa.

Hoy, acusado oficialmente de colaborar con el terrorismo, asunto más que grave que le podía tomar toda la vida en prisión, sus vecinos dicen que es injusto el cargo que le han dado.

Lo peor es que nuevos datos han hecho que se piense en los mismos detalles que hicieron a muchos quedar boquiabiertos, cuando el ataque a las Torres Gemelas: que hubo quienes notaron cosas raras y callaron.

Recuerdo al instructor de vuelo de una escuela de Fort Lauderdale, donde los terroristas que secuestraron los aviones en pleno vuelo aprendieron a volar:

“Me llamó la atención que solo les interesaba saber cómo despegar un avión y cómo mantenerse en vuelo”. Después se dio cuenta de la razón. De la misma manera que ahora, instructores de tiro en la zona de San Bernardino dicen que hubo cosas extrañas en la pareja del Medio Oriente, que les llamaba la atención: cómo la sumisa mujer vestida de negro, totalmente de acuerdo a su religión, estaba empeñada en tirar con rifle de alto poder.

Hoy por ese sentimiento que calló, el tiempo le ha hecho ver que debió haber hablado para que otros estuvieran vivos… La madre de Jaime Márquez al menos dice que nunca vio nada.

/arm