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La medicina avanza más rápido que la psicología

  • Alejo Martínez

  • Alejo Martínez Vendrell

Hace algún tiempo me publicaron en este espacio (https://www.elsoldemexico.com.mx/columna/una-concepcion-avanzada-de-la-psicologia) un muy breve esbozo biográfico en torno al singularmente brillante psicoterapeuta Alexander Lowen. Hay mucho material para comentar en relación con su trascendental obra. Empero, no podemos perder de vista que la psicología es una ciencia todavía en la etapa infantil y se encuentra muy lejos de alcanzar su madurez.

A lo largo de los más de 50 milenios de la historia de la humanidad, la mujer y el hombre nos habíamos estado preocupando y ocupando esencialmente por cubrir las necesidades básicas, indispensables para nuestra subsistencia: alimentación, vestido, techo, preservación de la especie y supervivencia ante los desafíos de la naturaleza, en medio de la cual la humanidad estuvo casi inerme y totalmente expuesta.

Pensemos en que la vital salud del cuerpo humano ha sido una preocupación milenaria, y sin embargo la evolución de la ciencia médica ha sido sumamente lenta. A través de decenas de milenios los avances en la medicina fueron muy limitados. La maravillosa y hoy deslumbrante ciencia médica, arrancó el inicio de su madurez hace tan sólo menos de 150 años, gracias al impulso dado por las trascendentes aportaciones del Barón inglés Joseph Lister, del genial químico francés Louis Pasteur y del apasionado investigador médico germano Robert Koch.

Antes de esos descubrimientos, aunque quienes ejercían como médicos se preciaban de detentar profundos conocimientos científicos y eran además sumamente respetados en las sociedades, sus prácticas eran en realidad extraordinariamente primitivas y con muy escaso poder terapéutico. Predominaba la cruenta realidad de que ni siquiera se conocía la existencia de microbios y su estrecha vinculación con el vasto mundo depredador de las enfermedades infecciosas, lo que hizo declarar a Robert Koch: “Odio todo este engaño al que en resumidas cuentas se reduce el ejercicio de la medicina… ¿Cómo puedo curar la difteria si desconozco su causa? ¿Si el doctor más sabio de toda Alemania tampoco la conoce?”.

La estupenda pluma de Paul de Kruif, con esclarecedora visión, sintetiza la debilidad de la ciencia hipocrática, cuando incorpora en su obra “Cazadores de microbios”, la tan contundente como realista descripción siguiente: “Los mújiks de las desoladas estepas rusas seguían combatiendo las plagas como sus antepasados: enganchando cuatro viudas a un arado para labrar un surco alrededor de un pueblo en la oscuridad de la noche; y los médicos no conocían otro medio de protección más eficaz”. Para después concluir con la drástica aseveración de que: “en 1873 los médicos más eminentes no ofrecían mejor explicación del origen de las enfermedades que las que pudieran dar los ignorantes rusos que enganchaban a las viudas del pueblo en los arados”.

A lo largo de los 144 años que han transcurrido desde 1873, la medicina ha entrado en un proceso de avance cada vez más acelerado, de manera que ha alcanzado ya una plena madurez científica, que se refleja en la brutal expansión de las expectativas de vida. Sin embargo, los médicos anteriores a esta revolución terapéutica, al igual que múltiples psicólogos de hoy, se manifestaron por lo general muy seguros de sus sólidos conocimientos científicos. Por explicables razones el nivel de bienestar vinculado a la psicología está relegado a una etapa posterior a la salud de nuestro cuerpo.
amartinezv@derecho.unam.mx

@AlejoMVendrell