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La moda en México, entre la tradición y la vanguardia

  • Bazar de la cultura: Juan Amael Vizzuette Olvera

¿Cuánto tiempo exige la confección de una prenda tan refinada como el quechquémitl? Si se sigue el procedimiento tradicional, con telar de cintura, varios meses. Eso da una idea de lo importante que ha sido siempre la vestimenta para las culturas indígenas. Por ello sus creaciones juegan un papel protagónico en la exposición “El arte de la indumentaria y la moda en México, 1940-2015”, que se presenta en el Palacio de los Condes de San Mateo Valparaíso, hoy Palacio de Cultura Banamex, en Madero 17, Centro.
UN FENÓMENO UNIVERSAL

La moda y la indumentaria son fenómenos culturales, como la arquitectura, la gastronomía o la música. Expresan las relaciones de cada pueblo con su tierra, los recursos naturales, el clima, la religión, los principios éticos y los conceptos de belleza.

La moda refleja también las transformaciones sociales, los cambios de épocas, las nuevas formas de vida cotidiana. Mucho se ha escrito acerca de la relación entre la moda femenina de los años veinte y la masiva incorporación de las mujeres a las actividades profesionales: se descartaron los corsés, se cortaron las melenas y se simplificaron los vestidos. Las jóvenes, con el peinado garçon y los trajes sastre inventados por Cocó Chanel, podían abordar con mayor facilidad el metro, manejar un automóvil y desempeñar cada vez más profesiones. Eran además los tiempos de las heroínas del aire, las “aviatrices”, cuyos cascos de piel al estilo del Barón Rojo inspiraron los sombreros ceñidos que invadieron las ciudades
del mundo.

En México no siempre ha habido mucha conciencia respecto a los significados culturales de la indumentaria. Transcurrieron siglos antes de que se reconociera la riqueza artística de las prendas indígenas. Por otra parte, aún hay quienes relacionan al diseño de modas con la frivolidad. En el ámbito intelectual, el movimiento jipi, el existencialismo y la contracultura arraigaron el rechazo hacia los diseñadores, fueran clásicos o vanguardistas. Un escritor capitalino, conocido por la precisión de su prosa y por lo opaco de su atuendo, afirmaba: “Yo no me visto.
Me cubro”.

Pero ha habido también artistas que adoptan las creaciones indígenas como una expresión de identidad cultural. En los años recientes se han consolidado varias casas mexicanas de modas que se inspiran en la tradición étnica.

La exposición “El arte de la indumentaria y la moda en México, 1940-2015” se proclama como precursora en reunir estas manifestaciones: “Busca mostrar dos discursos paralelos que por momentos se encuentran: indumentaria y moda como vasos comunicantes que se nutren uno del otro, y en diálogo generan la visión cultural de un país a través de su forma de vestir”.

En las dos plantas que abarca la exposición, las prendas indígenas ocupan gran parte del espacio. Todas ellas dan fe de la riqueza estética que define a las numerosas comunidades en nuestro país. Con frecuencia sus autores son desconocidos. Hay creaciones, coras, tarahumaras, tepehuas, tzotziles, chamulas, nahuas, tzetzales, totonacas, otomíes, zapotecas, mixtecas, tehuanas y mestizas.

Varias pantallas proyectan fragmentos del cine nacional, con los atavíos tradicionales de diferentes regiones. En otro tiempo, los directores ubicaron muchas de sus obras entre las comunidades indígenas, por lo que María Félix, Columba Domínguez, Stella Inda, Dolores del Río y otras estrellas vistieron el huipil, el quechquémitl y el rebozo.
PIEZAS HISTÓRICAS

La muestra procura establecer un diálogo entre el diseño mexicano de modas y otras artes, particularmente el cine y la pintura.

El “Retrato de Alfa Henestrosa” (óleo sobre tela, 1946), de Raúl Anguiano acompaña a los vestidos oaxaqueños; el “Retrato de Henri de Chantillon” (óleo sobre masonite, 1944), de Diego Rivera, se expone junto a los sombreros del diseñador; el “Retrato de Silvia Pinal” (óleo sobre tela, 1956), de mismo Diego Rivera, se muestra a dúo con el vestido que lucía la actriz cuando posó para el muralista. “Mujeres de California” (mixta sobre papel sobre tela, 1937), de Alfredo Ramos Martínez, manifiesta la relación entre las vanguardias plásticas y la moda.

Entre tanto, las pantallas digitales proyectan las elegancias de María Félix, en “La Diosa arrodillada” (México, 1947), de Roberto Gavaldón y “Amok” (México, 1944), de Antonio Momple. Muy cerca refulgen los modelos originales que Lillian Oppenheim y Armando Valdés Peza diseñaron para que la diva sonorense los vistiera en esas cintas.

“La Diosa arrodillada” se considera una de las mejores producciones del cine nacional. Más allá de su anécdota, que analiza el conflicto entre la pasión y la conciencia en el industrial Antonio Ituarte (Arturo de Córdoba), la película es notable como logro estético, de trazos expresionistas, que aprovecha tanto los decorados de estudio como los escenarios exteriores, los aeropuertos y el histórico edificio “Basurto”, de la colonia Condesa. Los vestidos que luce la estrella internacional contribuyen a la unidad de estilo en la película y le confieren una fuerte modernidad a su personaje.

En otras pantallas aparecen Miroslava, Ana Luisa Peluffo y María Victoria en blanco y negro. Viene luego la era del color. El discurso museográfico divide la historia de la moda mexicana por décadas: consigna que en los años cuarenta se desató un debate respecto a la existencia de una “moda mexicana”. El diseñador Ramón Valdiosera, contra las opiniones de Armando Valdés Peza y Henri de Chantillón, afirmaba que sí.

Para la década de los cincuenta, según los museógrafos, se consolidó una clase media deseosa de consumir las novedades que ofrecían las tiendas departamentales; la cinematografía y las revistas alentaban el afán de emulación.

Los años sesenta consagraron a las boutiques de la Zona Rosa, en tanto que una de las tiendas más famosas creó su “Salón Internacional”. Los diseños se volvieron más coloristas, el rosa mexicano se beneficio de la corriente psicodélica y el cine nacional retomó una comedia francesa, “Le couturier de ces dames” (1956), de Jean Boyer, en una afortunada versión local: “Modisto de señoras” (México, 1969), de René Cardona Jr. La película narraba la andanzas galantes del atractivo D’Maurice (Mauricio Garcés), el modisto más cotizado de México, en fiera competencia contra Mao, Perugino y Antoine (Enrique Rocha, Hugo Goodman y Carlos Nieto). Todos tenían sus boutiques en la Zona Rosa, donde los intelectuales debatían los temas del momento, los artistas exponían sus obras y las damas adineradas buscaban los modelos más exclusivos. La Zona Rosa, en sus días de gloria era uno de los contados sitios donde era posible conseguir discos LP importados en casas como “El Sonido Discoteque”, “Discos Briyus” o “Discos Zorba”.
UN NACIONALISMO RENOVADO

La exposición comenta los cambios de la década de los setenta, que representó un retorno a la inspiración nacionalista. Eran tiempos de reivindicación de las tradiciones latinoamericanas y de una definida militancia política en los sectores intelectuales de gran parte del mundo. Contra lo que suele creerse, la década no estuvo dominada por la “fiebre Disco”, en realidad esta vertiente
llegó a fines del decenio.

Esto nos lleva a reflexionar que la clasificación por décadas no es necesariamente definitiva: en varios rasgos, los estilos de comienzos de los setenta se asemejan mucho más a los de 1968 y 1969, que a los de 1978 o 1979. Asimismo, las modas de 1968 y 1969 ya se habían alejado mucho de las que imperaban hacia 1962 o 1964.

Se considera que la década de los ochenta marcó un cambio de rumbo: el nacionalismo se fue desvaneciendo ante el espejismo del ingreso al primer mundo. Los yuppies predicaron el credo de la avaricia y las nuevas tecnologías llegaron al ámbito del diseño. Se estableció definitivamente la era de la computadora; en México se presentó la edición local de la más famosa revista de modas en el mundo, que por cierto, en 1984 le dedicó un número especial al cine mexicano, homenaje que incluyó una reseña sobre trajes masculinos que recreaba el mundo de Juan Orol, el gran gánster de los años 40.

“El arte de la indumentaria y la moda en México, 1940-2015”, permanecerá abierta durante agosto, puede visitarse de lunes a domingo, de 10:00 a 19:00 horas. La entrada es libre y se pueden tomar fotografías sin destello.

Hay visitas guiadas gratuitas, de lunes a domingo, a las 12:00, 14:00 y 16:00 horas