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La Moviola

  • La moviola/ Gerardo Gil

  • El cine mexicano: Un monstruo de mil cabezas
  • Gerardo Ballesteros

 

Dos reflexiones se desprenden sobre los resultados que el cine mexicano tiene –de manera preliminar- en este 2016 que está por terminar. El primero es que a pesar de que hay un repunte en la asistencia del público hacia la cinematografía nacional, 27.5 millones de boletos vendidos y mil 200 millones de pesos según datos de Canacine (Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica) tan solo por debajo de los resultados registrados en 2013, con 28.7 millones de asistentes y mil 214 de ingresos, las cifras son muestra de unos cuantos filmes.

Las otras películas, aquellas que no forman parte del Blockbuster local, siguen siendo casi desconocidas por el gran público. ¿Se puede decir entonces que estamos formando audiencias en torno a una cinematografía propia? Porque la gama de estrenos nacionales ha ido en aumento los últimos años. Tan solo en 2015 se estrenaron 79 filmes y en este año que concluye, faltan todavía un par de semanas para tener los resultados definitivos, la cifra no debe ser muy diferente.

2016 se reparte en 10 películas, ocupando el primer lugar ¿Qué Culpa Tiene el Niño? (Gustavo Loza) y distribuida por Diamond Films que obtuvo 277.8 millones de ingresos y 5.8 en asistencia. De esta lista, la última posición la tiene La Vida Inmoral de la Pareja Ideal (Manolo caro, 2016) con la distribución de Cinépolis con 34. 5 y 0.66 respectivamente.

Por supuesto no puede faltar No Manches Frida (Nacho G. Velilla, 2016) que distribuyó Videocine y que obtuvo 222.3 millones de ingresos y fue vista por 5.09 asistentes. Los dispares resultados entre el cine de exclusivo afán comercial y el de una mayor búsqueda no llaman la atención, ya que es un fenómeno viejo, pero si demuestran que hay un divorcio entre uno y otro.

Y para muestra tan solo dos títulos: Los Bañistas, (Max Zunino, 2014) estrenada –de manera comercial- a finales de marzo de este año- y vista dos antes en el Festival de Cine de Guadalajara, después de gira festivalera en diversos países como Montreal donde obtuvo El Premio de la Federación Internacional de Prensa Cinematográfica, pero que no alcanza –a pesar de su calidad e indudable vocación social e incluso de entretenimiento cinematográfico- las cifras de los anteriores filmes.

Otro ejemplo es Matria (Fernando Llanos, 2014) ácido documental, que fue bien visto en la edición 12 del Festival Internacional de Cine de Morelia, pero que en la corrida comercial no tuvo la paciencia de los exhibidores de “calentar” la plaza como dicen los clásicos.

El punto, es precisamente ese: hay un cine mexicano que al no contar con los recursos de las grandes distribuidoras, requiere de otras estrategias publicitarias. Esto no incluye por supuesto, la errónea idea de apoyar con un nacionalismo mal entendido al cine nacional. Porque principalmente este, es un negocio.

Y es que en la sala de espera de estrenos nacionales, hay una gran cantidad de películas que tienen que aguantar a que pase la fiebre de estrenos hollywoodenses.

Tan solo este fin de semana, se estrenan dos filmes que pueden ejemplificar lo anterior, Aerosol (Mauricio De Aguinaco, 2015) de resultados, hay que decirlos, francamente malos en su dirección e historia, pero que sería deseable darle la oportunidad al público decidir lo anterior. El punto no es proteger, sino competir en igualdad de circunstancias.

Y la cereza del pastel Un Monstruo de mil Cabezas (Rodrigo Plá, 2015) con guión de Laura Santullo, sobre la travesía de una mujer “Jana” (Sonia Bonet) que ante la burocracia e indiferencia de empleados aseguradores, debe buscar alternativas para que su marido reciba un tratamiento médico urgente. En esta odisea la acompaña su hijo adolescente “Dario” (Sebastián Aguirre).

Con chispazos de humor agridulce, el filme es un agudo retrato de la descomposición social. Plá da muestras una vez más (La Zona, 2007) de cómo hacer fluir una historia con tintes sociales, que no se sienta aleccionadora y además resulte entretenida.

En resumen: los resultados en taquilla y el gusto del público son concretos, pero hay que entender que la competencia en igualdad de circunstancias, publicitaria, de exhibición, etc., también son un factor real. Y por supuesto, tenemos el pendiente de formar audiencias. El cine mexicano no es uno. Es un monstruo de mil cabezas.