imagotipo

La Moviola

  • La moviola/ Gerardo Gil

¿Es necesario romper con el mito del personaje que se retrata para construir un filme coherente? Cuando uno ve Pelé: La película (Pelé: Birth of a legend, Michael y Jeff  Zimbalist, 2016) la conclusión es que no. Todo lo contrario. Incluso se agradece que la historia sobre una parte de la vida de Edson Arantes do Nascimento, transcurra más como una película del género sobre hazañas deportivas que como biopic.

Paso por paso veremos a lo largo de las casi dos horas que dura el filme una reconstrucción de las historias edificantes y el camino, lleno de obstáculos, para llegar al éxito. No es pues la amarga trayectoria ni la radiografía de un personaje rico y complejo. Resulta más bien una película que consolida y remarca en su desarrollo la cresta festiva del género cinematográfico deportivo.

En los personajes de Pelé: La película no hay ambigüedades, los antagonistas encuentran pronto la reivindicación moral y esta dependerá siempre de la virtud del héroe. Pero esto, le da un aire al filme de cuento de hadas. Es la ficción que fluye para acercarse un poco a
la realidad.

El filme inicia con Edson Arantes do Nascimento (Leonardo Lima Carvalho) en su natal Brasil. Su infancia en medio de la pobreza, el hacinamiento, pero sobre todo, los partidos de futbol que tiene con sus amigos en la favela que habita: el gordito simpático que le lanza besos a las niñas de manera precoz, el confidente con una  identidad en desarrollo y el pequeño que hace las veces de su conciencia interior, quien tendrá un destino trágico pero que le da un aire místico. Su presencia en la historia resulta breve, pero será un personaje seráfico que contribuya de manera determinante al destino de nuestro héroe. Luego de una reñida batalla futbolística con un equipo formado por vecinos ricos, y un poco mayor que ellos en los que para colmo el capitán es el retobado José Altafini Mazzola, Pelé es descubierto por un cazatalentos. Pero la llegada al éxito no será tan fácil, ya que tendrán que pasar varios años para que sus padres le den permiso y
lo impulsen.

Algunos años después, vemos a Pelé (Kevin de Paula) a punto de debutar en el balompié profesional, justo antes de que Brasil llegue al histórico Mundial de 1958. Pero para alcanzar la gloria, tendrá que soportar el desdén de su antiguo rival de la infancia Mazzola (Diego Boneta), la violenta incredulidad del entrenador Feola (Vincent D’ Onofrio), de lo mejor de la película su papel y sobre todo, las burlas de la afición ante un joven de baja estatura y sobre todo de origen popular. Algo muy importante: el reconocimiento del ser y la identidad para alcanzar el éxito como moraleja que no se siente forzada.

La mesa puesta pues para que el melodrama biográfico tome las veces de convención genérica, bien construida y conduzca por esto al espectador a su antojo.

En medio de un mundo infantil –en la primera parte del filme- que se desarrolla en las favelas y que está cual tierra de nunca jamás, de redenciones de clase y humanas ante la virtud de nuestro héroe ya joven, transcurre un filme más bien amable, ligero, pero nunca, hay que aclarar, apologista. La película tampoco es estrictamente biográfica. Es el relato, con todo lo que de ficción lleva este, de una hazaña. Eso sí, profundamente humana y conmovedora.

EN CORTO

Por cierto como dato curioso, la historia de Pelé y el cine no es nada nueva, va desde un ligero cameo en este filme, pasando por Victory, de 1981 y dirigida ni más ni menos que por John Huston con Michael Caine, Max von Sydow y Sylvester Stallone en la que “actuaban” varios futbolistas: Bobby Moore, Paul van Himst y Osvaldo Ardiles, entre otros, hasta un proyecto que nunca se consolidó, sobre una película de Pelé y El Chavo del 8 que hubiera sido el primer largometraje de la entonces Televicine. Dicen que el que se rajó fue don Roberto.

¡¿Eureka y la Wonder Woman?! La próxima semana me ocupo de ese filme que seguro estará más tiempo en las carteleras que Pelé… pero este último resulta un trabajo mucho más humano. Nobleza obliga, sino me hubiera tenido que comer mi Lazo de la verdad.