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La mudez, la soledad presidencial / Sin Gafete / Isabel Arvide

  • Isabel Arvide

Este sexenio ya se acabó.

Al menos así sentencian millones de mexicanos.

Este diciembre, el presidente Enrique Peña Nieto comienza la recta final de su Gobierno. En los hechos le quedan poco más de dos años, porque con candidatos presidenciales en la calle su tiempo está acotado.

Junto a las reformas, trece importantes, está una falta de traducción extrema sobre su hacer, todavía peor sobre su ser.

Las sombras perversas en su contra prevalecen, justamente porque no han podido difumarlas. La dicotomía inmensa entre el lenguaje de la realidad cotidiana, plena de violencia y desánimo, y el oficial que trata temas brutalmente lejanos de redes sociales, discusiones públicas, crónicas periodísticas, y sobre todo, la indignación de millones de mexicanos ha hecho de Enrique Peña Nieto un Presidente mudo.

No habla cuando pronuncia discursos todos los días. No tiene la voz, las palabras que quieren (queremos) escuchar.

Junto a esto la realidad horripilante de un Estado que no puede responder, que ha perdido su capacidad de respuesta ante una realidad hedionda.  Eso es lo que no permite que los hechos de la Noche de Iguala puedan dejarse a un lado del análisis. Los desaparecidos-muertos son la gran espada en contra de Peña Nieto porque, precisamente, en esa población, en ese momento, se conjuntaron todas las incapacidades oficiales.

Ni el Ejercito, ni la policía federal, ni la “Inteligencia” del gobierno, ni la Secretaría de Gobernación, ninguna institución pudo evitar una masacre absurda, como lo habían venido siendo muchas otras que tienen llenas las fosas clandestinas en Guerrero, y no solamente ahí.

La repercusión mediática, que tampoco pudo responderse desde Los Pinos, que provocó la desaparición de 43 estudiantes de Iguala, simplemente develó una realidad de impunidad y corrupción donde las autoridades locales, como sucede en muchas otras partes del país, actuaron al servicio de criminales que están en el negocio de la droga.

Ahí están presentes la miseria, la falta de oportunidades para los jóvenes, y la permanente ceguera de la federación sobre las relaciones peligrosas del Gobierno. Gobierno en todos sus ámbitos porque fue la Secretaría de la Defensa Nacional la que le cedió un terreno al villano presidente municipal perredista, donde todavía hoy su centro comercial le proporciona millones de pesos de ganancia.

Esto a sabiendas. O lo que sería peor, en la ignorancia de que el señor José Luis Abarca estaba hasta las manitas con los narcos, comenzando por sus cuñados.

Las verdades de Iguala, de Guerrero, de Michoacán, de Tamaulipas están impuestas sobre cualquier logro de este gobierno, sea la cruzada contra el hambre o el aumento de turistas o la reforma educativa.

A esta incapacidad del Gobierno para atender la realidad, hay que sumarle las ejecuciones. Es decir, el otro extremo. El uso de la fuerza institucional sin medida, sin respetar las vidas civiles o, como sucedió en Tanhuato, asumiendo que todos son criminales que deben asesinarse como perros.

Así por un lado, Iguala, este gobierno tiene la deuda social inmensa de no haber podido evitar un secuestro-asesinato colectivo con grandes magnificaciones mediáticas, y por otro la todavía peor deuda social de las muertes en manos de sus fuerzas del orden, de los uniformados que abiertamente han ejecutado y hasta “levantado” y asesinado como sicarios criminales.

De ahí que en Los Pinos se comunique incapacidad y silencio. Por eso la aceptación presidencial está por los suelos, aunque en corto, en algunos actos públicos, todos quieran tomarse una “selfie” con Peña Nieto.

Si el líder carismático, joven, popular, receptivo que es, que ha sido siempre Enrique Peña Nieto se decide por romper su mudez, por volver a hablar de cara a la sociedad, por romper su silencio estos años pueden ser un camino grato hacía la soledad del expresidente. De otra forma, persistir en la tremenda ajenidad, en la distancia irremontable con los ciudadanos, va a ser un trago muy amargo donde lo único que prevalezca sean las sombras perversas que todo oscurecen en las oficinas del poder sexenal.
En Twitter: @isabelarvide

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