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La muerte digna en la CdMx

  • Rosamaría Villarello

  • Rosamaría Villarello Reza

Como tantos, tengo grandes cuestionamientos de muchos de los contenidos que tendrá la “Constitución” de la Ciudad de México. Si interpreto bien a especialistas en derecho constitucional, como Diego Valadés, lo que conoceremos el próximo 5 de febrero(si es que se concluye a tiempo) sería más un reglamento de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Pero siguiendo la corriente política que ha impulsado una “Constitución” para el exDistrito Federal, habría algunos rubros a destacar por la trascendencia dentro de la sociedad mexicana, como es el de legislar sobre la muerte digna, como la señala el propio jurista y otras personalidades destacadas del mundo académico y del sector salud.

El también llamado “suicidio asistido” acaba de ser aprobado, para su inclusión, por la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México como parte fundamental de los derechos de las personas, siendo el caso éste en particular.

El tema ha suscitado y lo seguirá haciendo, controversias de todo tipo; tanto religiosas, morales y hasta técnicas, que estas últimas se resolverán en cuanto quede aprobado y se elabore la respectiva reglamentación. Desde el punto de vista ético, es un gran avance sobre todo, como su nombre lo indica, en el reconocimiento a tener, hasta los últimos días de nuestras vidas, la dignidad a la que todo ser humano debe aspirar.

Asunto complejo, sin duda cabe, pero como muchos otros de naturaleza delicada y que cae en el ámbito de las decisiones personales, familiares y particularmente médicas. En este caso hay que estar conscientes de que el hecho de que vaya a ser permisible jurídicamente hablando, no obliga de ninguna manera a la gente a llevar a cabo un procedimiento que implique adelantar la muerte.

Habrá que insistir que es electivo, aunque seguramente siguiendo ya cierta costumbre, escuchar las opiniones médicas para que sobre todo la familia pueda tomar una decisión en ese sentido, en caso de que las personas a las que se aplicará la eutanasia no hayan planteado previamente su voluntad de hacerlo.

Muchos de nosotros hemos conocido o vivido con personas con graves padecimientos que lo único que quieren es dejar de sufrir, pero que su alternativa de vida no les permite hacerlo en apropiadas condiciones de salud. A la vez, hay que contar con el desgaste de la vida familiar e inclusive de la descomposición de ese núcleo al tener que cuidar y mantener a un enfermo física o mentalmente y muchas veces sin contar con los recursos económicos necesarios. O personas solas que no cuentan con alguien que vele por ellas en vida y que al final se encuentran discapacitados para seguir su precaria existencia.

Tengo la percepción que la “muerte asistida” tendrá un más alto nivel de aceptación, una vez aprobada, y que la gente se convencerá de los beneficios para los propios sufrientes y para la calidad de vida de quienes están en su entorno. Ello a diferencia de lo que implica, por ejemplo, la donación de órganos de la que no se acepta todavía plenamente y sobre la cual habrá, así mismo, que insistir por los beneficios que implica.