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La muerte tiene permiso

  • Eduardo Andrade

  • Dr Eduardo Andrade Sánchez

El título de este célebre cuento de Edmundo Valadés viene a cuento con motivo del fallecimiento de 26 personas en el terrible accidente sucedido la semana pasada en la autopista Siglo XXI, en el que estuvo involucrada una pipa de doble remolque. Como en cada ocasión que ocurren estos graves percances se ha desatado nuevamente la indignación por la falta de respuesta de la autoridad al clamor que exige prohibir la circulación de esos enormes vehículos articulados. Las consultas al respecto en el Senado solo han servido para tratar de diluir esa exigencia.

Es verdad que la muerte siempre circula por las carreteras, pero seguir permitiendo el uso de los dobles remolques indudablemente incrementa el riesgo, como lo prueban los accidentes acumulados a lo largo de años. Las iniciativas de ley tendientes a la prohibición de estos artefactos, que suelen circular incluso por caminos en los que teóricamente no están permitidos, duermen el sueño de los justos. En tal estado quedó la que presenté en el Congreso veracruzano el lejano 25 de abril de 2012 para elevar esa propuesta al Poder Legislativo federal a fin de adicionar al artículo 50 de la Ley de Caminos, Puentes y Autotransporte Federal, un párrafo que diga: “No podrán circular en caminos y puentes de jurisdicción federal tractocamiones doblemente articulados en cualquiera de sus configuraciones”.

En principio la modificación tiene que hacerse en el ámbito federal pues ello incide en todo el país; posteriormente se complementaría con disposiciones locales. En uno de los párrafos de la Exposición de Motivos señalaba la necesidad de crear una norma que privilegie la vida antes de cualquier otra consideración económica o de productividad. Advertía entonces que no debíamos  esperar más tiempo y dejar que  se multiplicaran los accidentes y el número de personas muertas o lisiadas de por vida. Estos han continuado incrementándose en el lustro transcurrido.

Uno de los aspectos que colocan a México en los peores lugares de los países llamados „emergentes“, es la inseguridad de sus carreteras en las cuales se produce gran número de accidentes con consecuencias funestas como resultado de la irresponsabilidad, incuria y excesivo afán de ganancias de propietarios y administradores de empresas transportistas que no dan mantenimiento adecuado a sus unidades y las sobrecargan violando las disposiciones relativas a su peso y dimensiones. Un efecto de esta negligencia es el deterioro de la infraestructura carretera que propicia accidentes y eleva los costos y la frecuencia de las reparaciones a las que deben dedicarse  recursos públicos para cuya recaudación, por cierto, el transporte de carga tiene un tratamiento preferente.

Empero, lo más grave y lamentable es la pérdida de vidas humanas. Mi iniciativa se inscribió en el marco del impacto causado por aquel pavoroso accidente acaecido en el norte del estado de Veracruz que segó la vida de 43 personas, entre quienes se encontraban estudiantes de Economía de la UNAM, que pudo haberse evitado si los vehículos hubiesen estado en buen estado y se hubieran ajustado a la normatividad; pero tales condiciones no se cumplieron entonces ni se cumplen ahora. Después de otro grave percance ocurrido el año pasado, durante algunos días me tocó ver en la carretera largas filas de trailers esperando que se verificara su peso en las pocas instalaciones dispuestas para ese fin, pero el celo inspeccionador duró muy poco tiempo. Por eso, la única medida adecuada para prevenir más tragedias es la prohibición total.
eduardoandrade1948@gmail.com