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En Cantera y Plata

  • Claudia Corichi

  • Claudia Corichi
  • La negación del PRI y la historia de otro tirano

Señala Edgardo Buscaglia que la corrupción políticoelectoral en México es la madre de las otras corruptelas que destruyen a nuestro país. En el caso de Veracruz, el epílogo se cuenta solo, en 2010 en medio de acusaciones de fraude, Javier Duarte comenzaba un Gobierno que hoy se encuentra a días de pasar a la historia como uno de los más sangrientos, corruptos y cuestionados… como un Gobierno emblemático de ese “nuevo PRI” que tanto miedo le tiene a la democracia, a la verdad, a cambiar a este país en lugar de moverlo hacia abajo.

El Duarte veracruzano -que no está tan lejos de su correligionario chihuahuense- es el emblema de un gran sector gobernante del tricolor. Embriagado aún de poder, el jarocho dice no descansará hasta el último aliento por su estado, mientras tanto, entre palabras se lee su preocupación, su duda sobre si será perseguido por el próximo Gobierno de Yunes Linares. Al margen, resta decir que la lectura sobre la votación hacia Morena no refleja lealtad a su líder, sino de un voto de castigo, de hartazgo hacia quienes pertenecen al sistema.

Sin embargo, en esta lucha entre panistas-perredistas y priístas, Duarte apuesta por una jugada que lejos de ser paranoica tiene un componente estratégico del que poco se ha hablado: el Ejecutivo estatal tricolor además de pretender concretar una reforma para eliminar el fuero al gobernador –al próximo-, tendrá control sobre la cabeza de esa llamada Fiscalía General de Veracruz que presume de autónoma lo que la administración saliente ha tenido de transparente, hecho demostrado, entre otros, con el cobijo que brindó a los “porkys” en su momento.

Mientras tanto el clamor de la gente dice: “pierde Duarte, gana Veracruz”, solo el destino tendrá la última palabra. Por ahora, lo que debe estar presente en la ciudadanía más que en la mente del próximo gobernador de esa entidad, es ¿qué pasará con las denuncias interpuestas por la Auditoría Superior de la Federación (ASF) ante la PGR, por presunta a“malversación de fondos, sustracción indebida de recursos públicos, peculado” y demás que han quedado sin efecto? ¿Qué pasará con los asesinatos impunes, con las violaciones? ¿Yunes podrá alejarse de ese sistema al que no es ajeno?

El mensaje de Javier Duarte hace algunos días es revelador en varios sentidos. No solo plasma el interés de venganza, y el carácter estratégico de un PRI que se resiste a  perder uno de los padrones más importantes del país, el de Veracruz, dos años antes de la elección presidencial, sino que evidencia también un gran descaro de parte de uno de los personajes más señalados internacionalmente por los levantones y asesinatos, por los desvíos de recursos, por el machismo, por la corrupción.

El abuso y prepotencia de Javier Duarte han sido en extenso documentados, abonan a la historia de su antecesor que hoy goza del fuero diplomático en Barcelona, pero sobre todo abonan al hecho de que el Gobierno federal, lejos de combatir los abusos y la impunidad, la promueven desde sus Gobiernos, la cobijan ante la imposibilidad de atacarla pues incluso cuando trataron de remover al saliente gobernador, nada lograron.

El fondo de la derrota nacional del PRI el pasado 5 junio, no está en la iniciativa presidencial del derecho al “matrimonio  igualitario”, o en  la legalización de la marihuana. Una encuesta reciente  deja ver que a excepción de Aguascalientes, la gente no votó en 8 de cada 10 casos por el PRI, porque está harta de la corrupción, del desempleo, del terrible desempeño económico, y de la inseguridad que los Gobiernos priístas han representado, incluso ahí donde el cambio no llegó como en Zacatecas donde Miguel Alonso Reyes, habrá de enfrentar serios cuestionamientos por parte de la ASF.

Al margen de estas transiciones sin embargo, no puedo dejar de obviar que casos como el Aguascalientes, son preocupantes, pues la “campaña sucia” contra la candidata tricolor, más allá de hablar de los errores del PRI, se centró en su persona cayendo en una intolerancia de derecha radical, con un discurso misógino igual de preocupante como el causante de los recientes atentados en Orlando, Florida.

Señala el citado Buscaglia, que en México hay un margen de un 20 por ciento de corrupción en las elecciones así que para contrarrestarlo, se necesita una mayor participación ciudadana. Creo que en parte, la muestra la tuvimos ahí donde hoy el PRI pierde Gobiernos, tanto en Veracruz como en Tamaulipas –entidades marcadas por la violencia- la gente tuvo el valor de salir a votar para cambiar su realidad, no debemos esperar a que otro Duarte nos gobierne para tomar las riendas del país.