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La no libertad de los trabajadores de EU

  • Paul Krugman

A los conservadores estadounidenses les encanta hablar de libertad. El famoso libro y la serie de televisión procapitalistas de Milton Friedman se titulaban “Free to Choose” (Libres para escoger). Y los intransigentes en la Cámara de Representantes que presionan para desmantelar totalmente al Obamacare se hacen llamar el Caucus de la Libertad.

Bueno, ¿y por qué no? Después de todo Estados Unidos es una sociedad abierta en la que todos son libres para tomar sus propias decisiones sobre dónde trabajar y cómo vivir.

Todos, excepto por los 30 millones de trabajadores a quienes hoy cubren acuerdos de no competencia, que pueden quedarse prácticamente no empleables si renuncian a su trabajo actual, los 52 millones de estadounidenses que presentan condiciones preexistentes que, efectivamente, no podrán comprar un seguro médico individual y, por tanto, se tendrán que quedar con sus empleadores actuales, si el Caucus de la Libertad se sale con la suya, así como los millones de estadounidenses agobiados por pesadas deudas estudiantiles o de otro tipo.

En este momento, casi uno de cada cinco empleados estadounidenses está sujeto a algún tipo de cláusula de no competencia. No pueden ser tantos los trabajadores que posean valiosos secretos comerciales, en especial cuando muchos de ellos se ubican en posiciones de remuneración relativamente baja. Por ejemplo, un caso prominente involucró a la cadena de sándwiches Jimmy John’s, la cual, básicamente, trataba de prohibir que sus exfranquiciados trabajaran para otros fabricantes de sándwiches.

Esto no debería estar pasando en Estados Unidos y es justo decir que algunos políticos de ambos partidos han estado hablando de la necesidad de un cambio (aunque pocos esperan que el gobierno de Trump haga un seguimiento al impulso de reforma del de Obama). Sin embargo, hay otro aspecto de la libertad laboral a la baja que es un tema partidista en gran medida: la atención de la salud.

Hasta 2014, básicamente solo había una forma de que los estadounidenses menores de 65 años con condiciones preexistentes pudieran conseguir un seguro médico: al encontrar a un empleador dispuesto a ofrecer la cobertura. De hecho, algunos de ellos estaban dispuestos a hacerlo. ¿Por qué? Porque había grandes ventajas fiscales – las primas no cuentan como ingreso gravable-, pero para conseguir esas ventajas, los planes de los empleadores deben ofrecer la misma cobertura a todos los empleados, sin importar su historia clínica.

Sin embargo, ¿qué pasaba si se quería cambiar de empleo o iniciar un negocio propio? Qué mal: básicamente, uno estaba atorado (y yo conocí a bastantes personas que estuvieron en esa situación).

Luego, entró en vigor el Obamacare, garantizando atención asequible hasta para quienes tenían condiciones médicas preexistentes. Se trató de un cambio enormemente liberador para millones. Aun si no se aprovechaba de inmediato el nuevo programa para seguir por cuenta propia, el hecho era que ahora se podía.

Sin embargo, quizá no por mucho tiempo. El Trumpcare – la Ley estadounidense de atención de la salud – reduciría drásticamente las protecciones para los estadounidenses con condiciones preexistentes. Y aun si esa iniciativa de ley nunca se convierte en ley, el gobierno de Trump está saboteando en forma efectiva los mercados de seguros individuales para que, en muchos casos, los estadounidenses que pierdan la cobertura del empleador no tengan ningún lugar al cual retornar, lo que, a su vez, atará a quienes sí tienen tal cobertura a sus empleadores actuales.