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La noche

  • Pasos de Diamantina: Lorena Avelar

Cruza la noche mojada, brilla el asfalto a la luz de una farola envejecida que no cuadra con la presteza. Los pasos secan su huella en la calle oscura. Lleva  enterrarlo un gusano negro, una frialdad mortecina. Escribo desnuda en la oscuridad. Lo único que brilla es mi palabra en la pantalla, cada letra  es un estúpido milagro. Lo único que hay es viento de los restos del invierno álgido.  Lejos, más allá de la pared, está el río, y más allá, todo el mundo resplandece. El teclado es alto, la casa es chica y se le ha muerto a mi nido, un jardín que es puro anhelo. No tengo pensamientos. Solo quiero del cielo el principal alimento, que nace de la magia de existir y punto.

Es mi vida serena la ruta en el crepúsculo. Un día se despide en el rito cotidiano de las piernas, los brazos y mi pelo flota sobre la almohada preparándose para la noche, dejo de ser peregrina en el mundo para residir en el tiempo. En la noche los pobres son propietarios, el mendigo es misterio y todo horror se acentúa, se mezcla, aparta de sí el fosforescente contorno de la luz. El harapo es pregunta honda, gentil y compartida. El silencio, es la hora larga y suspendida.

La noche se transforma, se funde en una entidad corpórea, que transpira sutilezas; deja ver sus astros en el cielo y me vuelvo diminuta, ante el monstro negro y gigante que me abraza con su misteriosa belleza.

La noche, es una deidad que lo cubre todo y no deja nada al descubierto. Es una veladora, una fotografía deslustrada donde las teorías de cualquier materia valen lo que vale lo obtuso de las horas. La noche es inmensa, es pequeña; vale tanto como los recuerdos que se agolpan a estas horas.

La noche es un contrato temporal con la existencia, es el techo de mi casa, es una mezcolanza de pensamientos, es oír música y cantar para los adentros. Es imaginar mariposas sobrevolándome, recordar a los amigos que se fueron, a los que están lejos y, a los que dejé por alguna razón. Como todo, fugaz como todo. La noche es mi amante, es el amor insaciable, es el libro imperecedero y, el poema que jamás termino. La noche es la síntesis entre la madrugada y las jornadas que con Pasos de diamantina nos liberen ante la llegada del nuevo día.