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La otra mitad… | Gabriela Mora Guillén

  • Gabriela Mora

Algo está sucediendo que parece ser que podemos hallar un atisbo de luz “en este sinuoso valle de lágrimas” en el que México se encuentra últimamente… Justo a la mitad del camino de la administración de Enrique Peña Nieto; el Presidente reconoce la dificultad de los tiempos, deja de cuestionar a la sociedad con su incredulidad y apatía, las aguas parecen calmarse paulatinamente, e incluso hay un leve repunte en la tasa de popularidad presidencial.

Sabemos que en materia de política no existe ni las tranquilidad permanente ni el drama eterno, por lo que debemos entender que lo que este día pudiera parecer un remanso de paz, mañana podría ser una calamidad, pero es cierto que por el momento el jefe del Ejecutivo está en un impase de tanta desgracia y golpes bajos –la casa blanca, una enfermedad incurable, Ayotzinapa, la fuga del “Chapo”, etcétera-, y obtiene beneficios de ciertas decisiones como los ajustes políticos y, aunque no nos guste mucho, la disciplina económica.

Si bien es cierto que en materia de Gobierno es imposible hacer borrón y cuenta nueva, también lo es que es posible observar, analizar y comenzar una nueva etapa. Parece que las bases de la administración para esta segunda parte comienzan sanas, comenzando, según lo dicho, en cuestión económica: pese al escaso crecimiento y la impopularidad de la Reforma Fiscal, ante la adversidad mundial y la caída en el precio del petróleo, la economía mexicana crecerá este año 2.5 por ciento; pero además, a decir de las cifras, se han creado cerca de 800 mil empleos y hay inversión  en sectores como el automotriz, tecnológico y en otros más; en materia de comercio internacional, México avanza con solidez y en materia agrícola, las exportaciones han crecido considerablemente.

Prestemos un atisbo de atención a las llamadas naciones emergentes, y observamos que nuestra  economía no está de plácemes pero nuestra situación es envidiable; además, el aumento en el consumo ha propiciado un decremento en las tensiones que hasta hace poco tiempo presagiaban un desastroso 2016.

El caso es que el Presidente tiene una tarea para estos próximos tres años que restan –que realmente son dos por obvias razones-, y está facilita: necesita motivar un cambio en el estado de ánimo de los mexicanos; ante las altas expectativas con que llego al Gobierno, generadas por el regreso del PRI a Los Pinos, mismas que paulatinamente se fueron desinflando, hoy debe revertir la apatía y el desánimo de la sociedad, no únicamente por exaltar su imagen personal, sino porque el país requiere continuar con el proceso modernizador ya comenzado, y ciertamente las reformas y los tropiezos de la administración  lo han desgastado provocando una caída estrepitosa en la aceptación del Presidente…

Así las cosas, durante estos próximos tres años el Presidente debe instrumentar adecuadamente las reformas y comenzar a generar resultados de ellas, si no quiere que al igual que su imagen al iniciar el sexenio, la opinión de sus conciudadanos continúe deteriorándose cada vez más, con las consecuentes adversidades que ello implicaría para el priísmo. Para nuestra fortuna, hemos comenzado a ver avances en algunos sectores como el de telecomunicaciones, algunos resultados de la energética y ahí va caminando la correspondiente al ámbito educativo.

Lo cierto es que  de ninguna forma puede darse reversa a la apertura de México ante el mundo y hay varios sectores optimistas al respecto… Retomado el tema de históricamente rezagado sector agropecuario, aunque existe un sector del campo muy marginado y urgido de recursos tecnológicos y de capacitación, existe ya una balanza comercial superavitaria con Estados Unidos.

Tres años pues… Tres años determinantes para México en los que no hay ni habrá lugar al perdón como tampoco al error dado que es mucho lo que se juega y son muchos igualmente los actores dispuestos a participar en la transición del 2018.

A partir del pasado martes 1 de diciembre, todo lo que se haga habrá de orientarse en torno al proceso modernizador: no será fácil, pero es menester levantar el ánimo de la población y convencernos de los beneficios del proyecto modernizador.

Y ya entrado en gastos, en uno de los eventos más significativos durante la semana, el Presidente reiteró su rechazo a la legalización de la marihuana, arguyendo su convicción de que con ello pudiera combatirse con mayor eficacia al crimen organizado; no obstante, reconoció que el tema genera confusión en la mayoría de la sociedad y, de forma más directa, entre los jóvenes… El Presidente opina como la mayoría de los mexicanos.

gamogui@hotmail.com

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