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La palabra es mágica

  • Palabra: Terry Guindi

Nos basta con intercambiar las primeras palabras del día con alguien más; el principio, las expresiones comunes de estos tiempos nos llegan sin avisar, reflejando la crisis actual, los nervios y la presión a la que estamos sometidos.

En cualquier caso, independientemente de la hora en que se de este intercambio es frecuente escuchar frases como: ¡Qué calor!, ¡Qué horror de tránsito!, ¡Odio está ciudad! Como si las estuviera escuchando en este instante, estas y una gama infinita de quejas con respecto a todo lo que nos rodea, incluyendo a las personas que forman parte de nuestro entorno.

Lo repetitivo es que dejemos de observar y de tomar conciencia del cómo hablamos, del cómo nos expresamos, de lo que nuestras palabras transmiten. La palabra es mágica, la palabra es sagrada; lo mismo construye que destruye, así de simple, así de categórico.

La repetición es necesariamente la madre de todas las artes; lo que decimos impensadamente varias veces se convierte en una verdad
aunque pueda ser también una mentira.

Transformar nuestro vocabulario, analizarlo y observarlo con detenimiento es una tarea vital, es tal vez de las cosas más importantes y
necesarias para dar un primer paso firme en nuestra evolución.

Todo comienza con un pensamiento, ese es el origen; el razonamiento contiene en sí mismo un signo, positivo o negativo, el mismo esfuerzo requiere el pensar de una forma positiva que al contrario; resulta esencial el tomar la opción, el elegir lo creativo y constructivo.

Tus pensamientos se convierten en palabras, estas quedan registradas en todas y cada una de las células de tu cuerpo, más aún, en el arreglo colectivo que tengan. Dejar de escuchar y su expresión, manda un mensaje al cerebro, dejar de ver, sentir impedimentos y falta de decisión conlleva a que se profundicen todas las imposibilidades, a que de hecho se den todas las limitantes.

Las negaciones bloquean el flujo energético, impiden avanzar; contrario a esto, las afirmaciones asumidas honestamente elevan las vibraciones que surgen de nuestro propio ser, abren caminos.

La palabra exige respeto, responsabilidad y reflexión, su poder enriquece nuestras perspectivas y establece una conexión con las experiencias cotidianas; hacer una pausa antes de hablar y tener un filtro es indispensable.

Un vocabulario enaltecedor expande la conciencia, existe un abanico de posibilidades para comunicarnos. Rechazar lo incoherente y lo que
carece de propósito constructivo es el principio para enfrentar los hechos diarios y el
proyecto de vida que asumamos.

Una palabra a veces es suficiente para regalar felicidad, lo es también para herir profundamente. Cuando crecemos espiritualmente sabemos que solo la
primera alternativa es opción.

Te regalaré estás cinco frases que te harán reflexionar:

Observa tus pensamientos convertirse en tus palabras

Observa tus palabras convertirse en tus actos

Observa tus actos convertirse en tus hábitos

Observa tus hábitos convertirse en tu carácter

Observa tu carácter convertirse en tu destino

Al aparecer el MÁGICO DÍA, una palabra me llamó y me dijo con ironía:

¡Qué poderosa soy y poca gente sabe utilizarme!

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