imagotipo

La peor calificación de un Presidente

  • Jaime Alcántara

Qué ha hecho Enrique Peña Nieto para tener una aprobación que apenas ronda por el 10 por ciento. O qué no ha hecho. Cuáles son las consideraciones que han llevado al actual mandatario hasta el peor lugar, al que ninguno de sus antecesores ha llegado.

El desconcierto no es solo mío. El tema me vino a la mente porque hace unos días platiqué con algunos europeos a quienes no les quedan muy claras las razones por las que alguien como él, que goza de un gran cartel en otras latitudes, aquí apenas si es aceptado.

Varios argumentos me esbozaron. Uno de ellos, tratándose de emociones, de orgullo mexicano. Cuando Trump, en otro de esos absurdos e irracionales arranques, con una delegación mexicana en Estados Unidos y con una fecha próxima para la entrevista de los dos presidentes, el de México determinó suspender su visita. Difícilmente, un mandatario, de cualquier parte del orbe, con la guillotina al cuello, hubiera desechado esa oportunidad, cuando menos para saber qué estaría pasando por la cabeza de aquel, o, a qué atenerse, puesto que de economía a economía y de posibilidades de mayor a menor nivel de influencia, no habría ni para el comparativo. Bueno, hasta por temor (solo hay que acordarnos de la reacción de Vicente Fox cuando el derribamiento de las torres gemelas).

Otro. Mientras el mundo, antes de la era Trump, países ya mencionados como Noruega, Canadá, Rusia y otros se debatían en la recesión, México seguía creciendo.

Uno más. El capo más peligroso del mundo, buscado por cielo, mar y tierra, desde la administración panista (quien lo dejó escapar en 2001), lo puso a buen recaudo el Gobierno de Peña Nieto. Cierto que escapó, pero lo volvieron a capturar.

Para no entrar en más detalles, en el planeta se sabe que las fuerzas de seguridad pública y nacional han puesto tras las rejas o abatido, a más criminales de alto rango que en las administraciones panistas (culpables de la bárbara expansión del narcotráfico y la delincuencia organizada, en general).

Pero veamos los pormenores que aún pueden ser más significativos para el bolsillo mexicano.

De acuerdo a las cifras, recientemente publicadas por el INEGI, el crecimiento fue del 2.5 del PIB, en 2016. Esto es, como ya lo comenté, la economía mundial sufría, por un reposicionamiento del dólar y México avanzaba.

No solo eso. Para el primer trimestre del año (también con datos del INEGI), nuestra economía tuvo un comportamiento del 0.6, superior en un 0.1, a la registrada en el último trimestre de 2016. Mejor aún, mayor en 0.2 que el mismo, del año pasado.

El peso, después de la vapuleada, por la elección de Trump (en enero pasado), el billete verde llegó a más de $22. A estas fechas, solo tres meses después, ronda por debajo de los $19.00.

El entorno económico, por argumentar algo más, tiene un lastre. Hasta 2012 (en diciembre de ese año, Enrique Peña llegó a la Presidencia), el barril se cotizaba hasta cerca de los $ 102 USD. A estas fechas, después de llegar hasta los 30, anda por los 43. Esto es, menos de la mitad del precio del 2012.

Claro que la gente poco se acuerda de esto. Lo que siempre se le viene a la mente, porque hay actores muy interesados en ello, son los actos de corrupción (muchos, en proceso, como no se había dado nunca) y la recurrente devaluación del peso (eso dicen las encuestas).

¿Qué no ha hecho bien el Presidente, y qué sí, sus detractores?

Eso es asunto de una buena pensado, de usted, pero esencialmente del equipo de Los Pinos.

jaimealcantara2005@hotmail.com