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La percepción de la democracia / Resplandores / Benjamín González Roaro

  • Benjamín González Roaro

Hace dos semanas, la Corporación Latinobarómetro dio a conocer los resultados de su más reciente monitoreo de opinión pública sobre política y economía en sociedades latinoamericanas. El trabajo coincide con los 20 años que esta ONG cumple en la realización de estudios relacionados con el desarrollo de la democracia.

Debido al desarrollo de algunos acontecimientos políticos en nuestro país y muy seguramente, por las conclusiones que también arroja, el Informe no consiguió la atención esperada. Por ello, en esta ocasión quiero abordar algunos elementos que a mi juicio son relevantes para la evaluación de la democracia en dieciocho países del continente:

México ocupa el último lugar en “Satisfacción con la Democracia”. Solo el 19 por ciento de los mexicanos está satisfecho con su forma de Gobierno; el promedio latinoamericano es de 37 por ciento. Los países en los cuales más de la mitad de su población se siente satisfecha son: Uruguay, 70 por ciento; Ecuador, 60 por ciento y Argentina, 54 por ciento, que ocupan los primeros sitios.

En “Aprobación de la Gestión de Gobierno” tampoco estamos bien: el 35 por ciento expresa estar de acuerdo, lo que nos lleva a ocupar la posición número 14. En cambio, hay países en donde la mayoría de la población aprueba la gestión de su Presidente: República Dominicana, 82 por ciento; Uruguay, 72 por ciento; y, Bolivia 71 por ciento.

Al opinar si el ciudadano “Se siente representado por el Congreso” obtenemos el nivel 15; el 17 por ciento de los consultados así lo expresan. Somos superados por Uruguay que encabeza la lista con 45 por ciento, le sigue Nicaragua con 36 por ciento y Venezuela, 31 por ciento.

Los partidos políticos tampoco salen bien evaluados. Un 32 por ciento de los mexicanos se siente “Cercano a algún Partido” y eso nos lleva al lugar 13. Uruguay, Honduras y República Dominicana tienen mejores resultados, con 72, 60 y 55 por ciento, respectivamente.

El 26 por ciento de mexicanos cree que las “Elecciones son limpias” y con ello, ocupamos otro último sitio. Desde luego, hay países cuya población, más de la mitad, tiene una buena percepción de sus procesos electorales: Uruguay, con 82 por ciento; Chile, con 67 por ciento y un 60 por ciento de Costa Rica,

No podía faltar el tema de la “Corrupción”. El 28 por ciento de los mexicanos dijo haber conocido de un acto de corrupción; en este punto somos rebasados por Brasil (70 por ciento) y Paraguay (37 por ciento). El país menos corrupto es Nicaragua, ya que el 6 por ciento se ha enterado de actos de este tipo.

Finalmente, en el campo de la economía, en “Imagen de Progreso del País” tenemos el sitio número 13, esto debido a que únicamente el 18 por ciento opina que México está progresando. Y sobre la “Situación Económica de País”, el 11 por ciento considera que “es buena”, lo que nos ubica en la posición 16.

Frente a lo anterior, debemos considerar que, en el caso mexicano, el régimen democrático registró importantes avances en los últimos años y sus resultados más visibles radican en el fortalecimiento de un marco jurídico e institucional que garantiza procesos electorales imparciales y transparentes, así como la alternancia pacífica del poder.

El hecho de que la sociedad mexicana exprese altos grados de insatisfacción con la democracia, de ninguna manera significa un rechazo al modelo en sí mismo, sino más bien a otros factores que propician ese desencanto: violación sistemática a la ley electoral por parte de los partidos; el perfil y antecedentes de algunos candidatos; el desempeño de gobernantes en todos los niveles; las disputas internas, opacidad y pragmatismo en los partidos; el uso discrecional de los recursos públicos; y, la ausencia de resultados, entre otros.

Si bien, aún falta por avanzar hacia la consolidación de la democracia mexicana, los actores políticos tienen la responsabilidad de apegarse a la ley y cambiar aquellas prácticas que, en gran medida, provocan el rechazo social. La percepción de la democracia puede ser mejorada a partir del compromiso y transformación de la cultura y forma de hacer política de sus principales protagonistas.