imagotipo

La pesadilla de los regalos navideños…

  • María Antonieta Collins

  • María Antonieta Collins

Desde Miami, EU. (OEM-Informex).- Llega cada año por estas fechas de fiestas decembrinas, una época de terror y pesadillas: la de los regalos que recibimos y que nadie sabe por qué razón, sin que haya obligación de regalar a nadie, hay quienes están empeñados en obsequiar a amigos y colegas de trabajo cualquier objeto indeseable que tienen a mano.

Por esta razón resulta que, lo que debiera ser un momento más que agradable lleno de sorpresas se convierte en un instante para segregar bilis y furia y nada más.

Mientras pienso en esto comienzo a abrir un regalo que me diera alguien muy cercano. Para mi gran sorpresa, esa persona me tenía ¡una bolsa plástica para poner el maquillaje! Lo peor vino después, cuando trató de convencerme ¡que eso era lo que yo necesitaba más que nada en esta vida!

Eso es lo que indigna.

No es únicamente que el regalo sea inservible, sino que cubiertos de cinismo todavía le quieran convencer a una, de que eso que nos están dando para deshacerse del lugar que les ocupa en su clóset… es precisamente lo que nos hace tanta falta, que ellos que siempre están al pendiente de una se han dado cuenta y ¡han salido a cumplirnos el deseo!

Eso es lo que la persona que me dio la plástica bolsa de maquillajes hizo.

“Sí, sí. Tú que tienes tantos maquillajes era lo que te venía bien como regalo.” Me quedé “con el ojo cuadrado”. La realidad es que si por lo menos se hubiera fijado bien al andar tanto tiempo conmigo, la cantidad de maquillajes que siempre cargo es tan grande, ¡que requiere de un pequeño maletín, no de una bolsa, y de esos tengo bastantes!

Me quejaba con una masajista del espantoso tema pensando que era yo la única víctima de estos avaros navideños cuando, la historia que me cuenta es peor que la mía.

“Una clienta que siempre está necesitando favores, que le adelante citas, que le dé servicio a pesar de que el negocio está lleno o a punto de cerrar, o que la atienda en día festivo, en fin, que siempre está pidiendo algo, y que para sumar en su currículo además es una mujer de mucho dinero, me trajo el otro día algo increíble como regalo navideño: eran dos platitos, una tablita de madera y un rodillo -de madera también- para aplastar plátanos verdes. Lo peor es el discurso:

“Estuve pensando en ti cuando compraba esto.”

La indignada masajista me dice:

“La gente cree que una es boba y que no se da cuenta cuando los regalos son reciclados. ¿Para qué puedo necesitar un artefacto para preparar plátanos verdes si no soy cubana y no son parte de mi comida?

Pero nosotras en estos lugares somos las víctimas de todos estos personajes tan avaros. El año pasado otra clienta “agradecida” de mis servicios y sobre todo una mujer muy rica para comprar cualquier cosa si quiere regalar algo me dio un saco relleno de aserrín con un perfume… Y todavía me dice “para que perfumes tu hogar”.  El fin que tuvo aquello, al igual que la tabla y el rodillo para hacer plátanos verdes será el mismo: la basura. “Es el lugar a donde deben parar todos los malos regalos y no permitir que se sigan reciclando para regalarlos a cualquiera en un acto de avaricia incalculable.”

Si hubiera una regla para regalar, ésta sin lugar a dudas no sería en base al dinero, sino al sentimiento hacia quienes vamos a darle un obsequio. Pensar en las cosas que hace y que le gustan y dentro de eso, algo que le podamos dar al alcance de cada bolsillo, pero siempre pensando en esa persona tan especial que merece nuestro afecto.

De otra forma, la mejor receta: No regale nada si va a reciclar un regalo.

Si no hay para regalar, el mejor regalo es la sinceridad: fulana, fulano, perdóname, pero ahora no tengo para dar. Y ya. Eso, seguro que se lo van a agradecer más.