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La peste de la negatividad

  • Un abrazo al corazón: Adriana Páramo

Todas las personas pasamos por diferentes estados emocionales a lo largo de nuestra existencia, es natural tener un lado de luz y otro de oscuridad, lo importante es encontrar un equilibrio para vivir en bienestar.

Es natural que en algún momento en la vida de cualquier persona aparezcan comportamientos de envidia, de agresión o de crítica. Pero son pasajeros y de corta duración.

Sin embargo, hay personas que viven permanentemente enojadas porque el enojo les hace sentir fuertes, necesitan descalificar y agredir por su enorme inseguridad interna, es tanto el malestar personal, que lastimar a quienes le rodean con el afán de validarse a sí mismos, termina por convertirse en una necesidad y el deseo de que el otro esté mal, les produce una sensación de triunfo interno.

Están tan centradas en sus necesidades y su dolor, que sienten que el universo entero se las debe, no conocen los límites, justifican para no tener culpa, no les angustian sus conductas, ven a quienes les rodean como una cosa, un objeto para ser usado y desechado. Al no sentir culpa ni angustia no tiene remordimientos a menos que llore como una forma de manipular. Esta falta total de empatía hace cosificar al otro como algo y no alguien. Todas las conductas, cuando son a su favor, son relativas: mentir, engañar, crear conflictos o rumores.

Si sirve a sus propósitos utilizan lo que sea sin ningún miramiento.

Curiosamente piensan que actúan en plena justicia, y cuando tienen las consecuencias a sus actos no comprenden porque si son personas buenas les suceden cosas malas.

La negatividad es tan fácil de transmitir como lo es una enfermedad contagiosa, puedes estar de muy buen humor, con muchos proyectos, pero si te encuentras con una persona tan llena de temores y enojada con la vida que solo tiene la capacidad para ver todo negro, malo y feo, la probabilidad que tu ánimo decaiga aumenta.

Para evitar el contagio:

No permitas su manipulación, chantaje y control.

No caigas en su provocación, ni trates de convencer a esta persona de cambiar su actitud, si deseara algo diferente ya lo habría hecho.

A veces lo único que buscan es llamar la atención, un poco de afecto o ser escuchados.

Si no puedes manejarlo aléjate de la persona en cuestión, nada te obliga a estar ahí.

¿Por qué le vas a regalar tu bienestar a otros?
Recuerda: eres importante, tu vida es valiosa y mereces ser feliz.