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La piel de la discriminación

  • Claudia Corichi

Debo confesar que cuando vi el video que Conapred realizó reproduciendo el experimento Kenneth y Clark  sentí tristeza al observar a niños y niñas tan pequeñas reproduciendo la más terrible discriminación. Los resultados del Módulo de Movilidad Social Intergeneracional (MMSI) entregados la semana pasada por INEGI confirman que el racismo tiene efectos que limitan el acceso a oportunidades y el goce de derechos a más de la mitad de la población, por lo que urge atender esta problemática.

El estudio arrojó que en las personas que se autoclasificaron en las tonalidades de piel más oscura se observa un mayor rezago educativo: casi un 52% cuentan con primaria incompleta o completa. Las personas que se consideran de piel más clara tienen porcentajes más altos en educación media y superior hasta en un 28%. Una de las conclusiones más estridentes es que “mientras más oscuro es el color de piel, las personas ocupadas en actividades de mayor calificación se reducen, mientras que cuando los tonos de piel se vuelven más claros, los porcentajes ocupados en actividades de alta calificación se incrementan”.

Hace apenas dos años revelaba el estudio Etnicidad y Raza en América Latina, que el grado de discriminación por color de piel en países como México, Perú, Brasil y Colombia, influye en el desarrollo laboral entre personas con los mismos estudios. En el caso de nuestro país, se encontró que los universitarios de tez clara tienen 11% más probabilidades de obtener empleos mejor remunerados en comparación de quienes tienen la piel oscura, cuyas posibilidades son apenas del 4%.

Otro aspecto revelador es que las actividades de jornaleros, campesinos o trabajadores domésticos son realizadas, en su mayoría, por personas con piel oscura (49%). México es según este estudio el país con la mayor brecha social por tonos de piel, por encima de Brasil Colombia y Perú.

En toda Latinoamérica, México es el que tiene la menor población de indígenas escolarizados con apenas 6 años de estudio, mientras que en Colombia alcanzan casi los 9 años y en Perú 11.2 años, esto a pesar de que casi 25 millones de personas pertenecientes a grupos originarios.

Para colmo, se calcula que en nuestro país siete de cada 10 personas han presenciado actos de discriminación, y en tan solo en uno de cada 10 casos alguien se ha involucrado para intentar detener dicha situación.

Apenas hace unos días, Adrián Santuario un físico de la UNAM  realizó un experimento con aproximaciones de los colores de la tez de los 500 diputados federales del país. El ensayo sin arrojar conclusión alguna, sugiere que las y los legisladores con tez más clara forman parte de las bancadas del PAN y del PVEM, mientras las bancadas de izquierda están configuradas con un abanico más inclusivo de pantones.

La discriminación por color de piel se está traduciendo en diferencias salariales, de acceso a oportunidades, de nivel de vida e incluso de autoestima y sus consecuencias. Estamos reproduciendo y perpetuando estereotipos ligados a la aparienciaa través de nuestra comunicación, del lenguaje, y de nuestras acciones y actitudes, por lo que es urgente cambiar de “chip” y exigir políticas públicas que sean inclusivas y abatan el techo de cristal que nos marca el racismo. Hay que empezar por sentirnos orgullosos de ser mexicanos y de que ello significa un arcoíris incluyente en todos los sentidos: piel, género, preferencias sexuales, idioma, etc. No podemos continuar minimizando la discriminación.

Diputada por Movimiento Ciudadano.