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La pira del descontento social

  • Mireille Roccatti

«perdendi finem nemo nisi egestas facit» *

  • Mireille Roccatti

El estallido social que estaba latente, larvado, en espera de un chispazo para detonar, lo encontró en el anuncio de un alza a los precios de gasolina, precedido por un desabasto, que algunos atribuyen al acaparamiento previo al nuevo precio.

El comprensible enojo, descontento e inconformidad por la medida generó una movilización colectiva de jóvenes convocada u organizada a través de las redes sociales y en buena medida nutrida por los restos de clase media que sobrevive a la pauperización social a que nos condujo el neoliberalismo.

Las protestas iniciaron frente a las estaciones de gasolinas, prácticamente pacíficas, espontáneas, coreando consignas “contra el gasolinazo” y con manifestantes armados únicamente de pancartas distintas y diferentes a las que nos tienen acostumbrados las legiones de “protestantes profesionales”, ante el fenómeno social un tanto cuanto inédito, los políticos profesionales de los partidos políticos que votaron antes favorablemente tanto la reforma energética, como la Ley de Ingresos del 2017, buscaron de manera oportunista encabezar el movimiento.

El encono social liberado trocó en acciones de pillaje, vandalismo, rapiña  y destrucción demencial que tampoco es nuevo, recordemos únicamente como esa inexplicable -por lo menos para mí- conducta, la hemos testimoniado en ocasión de apagones, temblores o inundaciones y cómo masas incontrolables salen a la calle, literalmente a robar y saquear. Es cierto que este fenómeno sociológico tiene sus explicaciones de pérdida de las individualidades de los participantes y la creación de una individualidad colectiva de masa descontrolada, que escondidos en la impunidad del anonimato se comportan como nunca lo harían; solo que en México y hoy, tiene particularidades únicas que deben estudiarse.

Ante el escalamiento y masificación de la violencia los “políticos oportunistas” de la primera hora, erraron nuevamente y en lugar de salir a enfrentar la situación que atizaron,  se escondieron o se refugiaron en el viejo lugar común de infiltrados del gobierno para desprestigiar el movimiento de protesta.

El escenario previsible, a la hora de escribir estas líneas, es una disyuntiva. Se diluye o crece la violencia. Ante la magnitud de los hechos, la policía comenzó a actuar y a detener a quienes encontraron saqueando o corrían con el fruto de lo robado, sin obviar que también, lamentablemente, guardianes del orden público participaron en el saqueo, aprovechando la ocasión.

Es materia de análisis también la utilización de las redes cibernéticas para difundir, convocar, confundir e inducir el comportamiento de los usuarios mediante la utilización de medias verdades y mentiras completas. Y la ocasión desenmascaró a  muchos que desde el anonimato del “perfil falso” deslizaron rumores insidiosos como la existencia de toque de queda o de un golpe de Estado en marcha.

La coyuntura histórica en que nos encontramos, con una crisis económica en ciernes, con el ya innegable agotamiento del modelo de desarrollo económico que solo ha generado millones de pobres y una concentración de la riqueza como nunca antes,  sería lamentable que nos hundiéramos en una espiral de violencia represiva, perdiendo la oportunidad de construir una salida democrática a la legitima inconformidad social. Hay que pensar más y discutir menos. Y desde luego plantear un gran debate nacional.
*«Sólo el que nada tiene, no puede perder nada».

Publilio Syro