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La pluma

  • Pasos de Diamantina: Lorena Avelar

Continúa mi festejo de las 400 publicaciones

Despierto y veo la vida que se tiñe de matices de otoño, dorados, ocres y a veces transparentes, de olores ocurrentes y de aves que se pierden en su vuelo majestuoso. Es justo decir que las pestañas buscan refugios entrañables y confiables, para acomodar la mirada en un ente de paz y claridad impermeable.

La pluma escupe tinta, vive y siente; escribe, impulsa y alivia el daño de la expectativa, de la respiración y del esfuerzo. Exime el informe, el amparo de la penumbra, de la intimidad que alcanza la luz y se vuelve reconocible. Describe el aroma sutil de una violeta, el bello amanecer de mis sueños inmensos e insondables. Transforma el atardecer en renglones que laten en perfecta armonía y en el misterio de la tristeza y la alegría.

Echo a volar la pluma, dejo que los dedos se atropellen en el teclado, amontono las letras y los tildados, impongo el acento tácito y, ordeno los siglos que abjuran el poder en favor de los hombres. Los signos y significados convocan al reposo, acallan los rugidos de sílice y la sal: los idiomas y las lenguas se transfieren, lloran por un renglón perdido.

La pluma aumenta el estupor para no detener su vuelo, escribe para no olvidar las grietas exhaustas de la tierra, el grito de guerra de la vida, que naufraga en tormentas de locura. Yo, soy fantasma, soy viento, soy luz y sombra, amor, espíritu y hada. Porque mi sangre lo pide y se redime en el papel como en el campo. Porque la vida se hace eterna en la página en blanco y queda para siempre grabada. Porque las palabras me ahogan y prefiero pronunciarlas. Porque salen de mi substancia; necesito que me entiendan y necesito comprender. Porque pasan los años y a pesar de pronunciarme de otras maneras los Pasos de diamantina siguen expresado mi alma.