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La policía, ¿siempre vigila?…

  • Gabriela Mora

Hace unos días tuve el infortunio de padecer uno de los excesos que practican los “polis” de esta CDMX: circulaba por el rumbo del Hospital de Pemex, ubicado en Picacho, cuando fui abruptamente interceptada por uno de estos “servidores públicos” cuyo nombre comienza con la letra “D”, de apellidos “Pastrana Ch”, así figura en su cachucha y camisa distintiva, con el número de placa 998625.

Al pararse ante mí acusándome de hablar por el celular, he de confesar que efectivamente yo llevaba un ticket de compra en la mano, pero de ninguna manera el teléfono celular dado que, además de conocer el costoso importe de la multa, el vehículo en el que me trasladaba cuenta con aditamento bluetooth, lo cual nos permite realizar y responder llamadas por altavoz, con lo que reducimos el riesgo de un accidente y/o infracción por esta causa.

Así las cosas, detuve mi camino para enfrentar los dichos del poli, quien se dirigió a mí desde un inicio en forma altanera y prepotente, hablándome de “tu” –creo que en mi vida nos habían presentado-, y de inmediato lanzó un chiflido a su “compa”, Eder Jair Cedillo Reyes, con número de placa 991535, para que sin más trámite ni discusión, levantara la infracción, por lo que sin remedio procedí a entregar tarjeta de circulación y licencia de conducir. Para mayores detalles, ambos vigilantes se trasladan en la patrulla DF-044-T5.

Ante la impotencia por una sanción francamente injusta, continué mi reclamo ante el servidor público de apellido Pastrana, en tanto “su compa” procedía a tomar fotos del automóvil y de los documentos, registrando igualmente los datos para entregar el formato correspondiente; para este momento, D. Pastrana se encontraba sentado en el asiento del conductor de la patrulla, fumando plácidamente; una vez que terminó su cigarro e ignorando completamente mis dichos, se levantó al crucero para encargarse de “agarrar a otro incauto/a” en tanto me fuese entregada la infracción.

Fui educada bajo principios de honestidad y responsabilidad tanto familiar como escolarmente, disfruté y reconozco los principios del civismo y la moral -curse desde primaria hasta la preparatoria en colegio religioso-, de manera que trato de reconocer mis culpas y afrontar las consecuencias de mis errores, como lo sería conducir hablando por teléfono, consiente además del riesgo y la distracción que ello implica; pero si además la tecnología aporta la facilidad de atender el teléfono mediante altavoz, resulta inútil entablar cualquier discusión con un presunto representante de la autoridad altanero y prepotente como esta pareja que, al momento de entregar la multa y mis documentos, me advirtieron que contaba con 30 días para impugnar la sanción…

Por lo demás, como lo advertí al inicio de este escrito, se trata de uno más de los excesos a los que estamos sometidos por el gobierno citadino que continúa adquiriendo “sofisticadas innovaciones tecnológicas” de las que son dotados cientos de pseudo servidores públicos, ellos sí sin capacitación ni ética para contar con éstos y otros muchos recursos.

Sabemos ya que algunas patrullas cuentan con modernos sistemas para rastrear documentos vencidos; hace unos días fueron presentados nuevos vehículos dotados con radares de velocidad y cámaras, además de las cámaras y radares ubicados en diversos puntos de la ciudad…

En ningún momento me opongo a la implementación de recursos avanzados cuyo uso en teoría, habría de servir para guardar el orden y proteger a la ciudadanía; no obstante, sí declaro mi negativa a que, quienes los ocupan, abusen de ellos en pos de sus gobernados… Eso sí, no lo acepto…
gamogui@hotmail.com