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La política ambiental no debe politizarse / Mireille Roccatti

  • Mireille Roccatti

En los últimos días con motivo de nuevas modalidades al Programa “Hoy no circula”, ha aumentado comprensiblemente el descontento social contra las nuevas restricciones impuestas y especialmente las redes virtuales se han colmado de denuestos y vituperios contra las autoridades de la ahora Ciudad de México, quienes hansido señaladas como culpablespor su origen partidario, sin considerar que la decisión se tomó en la Comisión Ambiental Metropolitana que el órgano colegiado integrado por la autoridad federal y de los estados circundantes de la metrópolis para atender el problema.

Otro grupo social, ha saltado a la palestra para recordarnos que el inicio del programa se hizo por gobiernos priístas, con lo cual se está generando una indeseable politización del tema, dado que más allá, de las alternancias a nivel federal y de varias entidades que participan y comparten el problema, la Política Pública de protección del Medio Ambiente, debe estar por encima de cualquier manifestación partidista. Lo que está en juego, es la vida misma del planeta, nuestro entorno natural, la salud y calidad de vida de toda la población.

El programa de imponer restricciones a la circulación de vehículos automotores de combustión interna, es solo una vertiente de política pública ambiental para disminuir y evitar la emisión de gases contaminantes a la atmosfera. Esta medida se adoptó hace años, después de un largo periodo de estudio para atender el fenómeno de inversión térmica en la ciudad y no fue una mera ocurrencia.

En principio de comprobó que estos gases en su mayoría se emitían mayoritariamente por el parque vehicular y por la industria. Para esta última, se diseñaron acciones de política para incentivar su salida del Distrito Federal y la obligación de utilizar filtros para toda aquella que no migrara, ambas vertientes acompañadas de incentivos fiscales.

Otra de las acciones que se tomaron, fue el compromiso del Gobierno federal de mejorar sustancialmente la calidad de las gasolinas, lo cual se cumplió, paulatina, pero importantemente. Asimismo, se contemplaron medidas de recuperación de espacios verdes en la ciudad, complementadas con reforestación urbana y de los cerros y montañas que la rodean.

Una más de las decisiones acordadas consistió en modernizar todo el parque vehicular de transporte público, autobuses, taxis, sacar gradualmente de circulación los peseros (combis) y sustituirlos por minibuses, en general mejorar el transporte público.

Y adicionalmente se establecieron las restricciones de circulación por número de placa y modelo de vehículo, las cuales se fueron modificando a lo largo del tiempo y adicionándole nuevas disposiciones, como la no circulación en sábados, por ejemplo. En el caso de los vehículos muy viejos, de más de diez años de antigüedad, su compra por las autoridades y complementar a los dueños con líneas de crédito para la adquisición devehículos nuevos. Lo que fue bautizado como “deschatarrización” y terminó por abandonarse en razón de las críticas recibidas, porque -aducían- era una medida contra los pobres.

El hecho concreto es tres décadas después el problema continúa presente y debe evaluarse de manera integral: que no ha funcionado y, que medidas deben adoptarse. Y las directrices de esta política pública deben consensarse con la población, no hacerlo, aumentara la ira social y deslegitimara las acciones que se emprendan.