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La popularidad del Presidente

  • Jaime Alcántara

Hace unos días escuché al presidente Peña Nieto dirigirse a la nación. Su idea era dar a conocer las cifras de empleo, provenientes de los registros del IMSS.

Lo dijo más o menos de la siguiente manera: en el mes de junio se crearon 86 mil 233 nuevas fuentes de trabajo. En este medio año, la cifra llega a más de medio millón, la más alta en más de 30 años. A lo largo del sexenio, son dos millones 800 mil, los empleos generados, cifra nunca igualada en algún sexenio.

El dólar, otra de las variables que influyen en el ánimo de los mexicanos, cerró la semana que concluyó, por debajo de los 18 pesos. Esto, nada nos diría, si no tomamos en consideración que a la elección de Trump, a mediados de enero, la divisa norteamericana subió a más de 22, por el miedo que ocasionó la asunción del magnate.

También, en esos días, un diario nacional dio a conocer la popularidad del Presidente. Por primera vez, desde hace casi tres años, sube por encima de los 20 puntos. A inicios de año, de acuerdo a una revista de corte empresarial, después de la subida de los precios de las gasolinas, dijo que el mandatario había caído a 15 puntos.

Un observador imparcial, alejado de la resonancia nacional podría, cuando menos, arquear las cejas. Claro que están las acusaciones de corrupción, de la inseguridad. Pero, las capturas de los exgobernadores, por la Federación, priistas sendos, pudieran influir en los números, pero no es así. Igual en el segundo tema. En esta administración se han capturado a más delincuentes de alto nivel que en las anteriores.

Sin lugar a dudas esto llama la atención, pero al parecer no es un fenómeno anormal. Veamos dos casos:

Alan Greenspan en su autobiografía: La Era de las Turbulencias, dice: “Para 2004, el PIB real (de USA) se estaba expandiendo a un saludable ritmo del 3.9% al año, el paro descendía y los sueldos y salarios agregados tampoco iban tan mal. Aún así, la mayor parte del aumento de las rentas medias se debía a unas ganancias desproporcionadas entre los muy cualificados. Hay muchos más trabajadores que cobran en el segmento intermedio de la renta, y a ellos no les ha ido tan bien. En consecuencia, no es de extrañar que los encuestadores que telefonearon a millares de hogares descubriesen que un 60% creía que la economía era un desastre, mientras que solo el 40% creía que iba bien”.

Esto es una muestra de lo que hay en un determinado escenario, contraviniendo la situación generalizada del país.

Vale la pena, igual, destacar otro texto, el de Alfonso Guerra, vicepresidente en España, con Felipe González, en su libro “Una Página Difícil de Arrancar”: Por otro lado, se producía también una paradoja en el ámbito económico, mientras, en general, los datos macroeconómicos reflejaban una recuperación positiva en la actividad, la crisis monetaria internacional, por un lado y las exigencias de mayor liberalismo cada vez más fuertes por parte de los inversores extranjeros y de los grupos financieros y empresariales nacionales ante la debilidad del gobierno y la fuerza del CIU, por otro, producían incertidumbres.

No olvidamos que en esa ocasión, el Partido Socialista Obrero Español, al que pertenecían Guerra y González, perdió la Presidencia de la República.

Con tales antecedentes, no nos queda más que pensar que algo anda mal en la percepción/realidad. Y, descifrarlo o adecuarlo es algo más que difícil.

jaimealcantara2005@hotmail.com