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La potencia de la mano izquierda | Mujeres en busca de sexo | Celia Gómez Ramos

  • Mujeres en busca de sexo / Celia Gomez Ramos

“Separé mi pareja de canarios como medida a una sobrepoblación inexplicable. El macho dejó de cantar. Con el paso del tiempo se cercenó los dedos de una de sus patas. Imagino que lo hizo como protesta ante mi crueldad. ¿Quién soy yo para no dejar fluir esa fidelidad demostrada tan dolorosamente?

“Hace 5 años que no escribo. De alguna manera, también me cercené los dedos simbólicamente ante la falta de un canto. Todos tenemos nuestras maneras de protestar. Todos nos mutilamos ante la ausencia del amor.

¡Vaya pues!, se acabó la protesta. Volveré a escribir… con mi otra mano”, leí y copié para ustedes –con su autorización- el texto de Luisa Vázquez, mi amiga de la Universidad, de la carrera, con quien soñé, al igual que con Leticia Martínez, tantas cosas, que en realidad no sé –me cimbro de pronto-, si hoy hemos logrado.

Cuando miré sus letras, sentí asombro y confusión aun tiempo, releí y releí… Siempre me ha ocurrido así con la gente que quiero, intento descubrir todo lo que contienen sus palabras escritas, desentrañarlas. En seguida me doy cuenta, cuán poco sabemos el uno del otro en nuestra cotidianidad, cuán poco de lo que nos divide en dos o nos mantiene rebeldes contra nosotros mismos.

Sobrepoblación inexplicable, motivo para acabar con el amor. Puede ser algo así como contingencia atmosférica, tan a cuento. ¿Sería que al inicio de los tiempos a alguien le importó la sobrepoblación?

¿Cuánto viven los canarios? ¿Cuánto tiempo procrean? ¿Cuántos bebés pueden tener por ocasión y cuánto dura la gesta?

Se supone que llegan a vivir en promedio unos 10 años, si están cautivos;normalmente las hembras tienen que esperar hasta los siete meses de vida para aparearse y dejan de hacerlo aproximadamente a los cuatro años, los machos continúan la fiesta hasta los seis.

Las parejas canarios procrean cuando el día dura 12 horas y por ocasión pueden poner de 1 a 6 huevos, no se dan todos, y tardan entre 12 y 16 días en la incubación. Una vez que ya tenemos nuevos canarios, luego de 30 días –aproximadamente-la pareja podría ponerse a trabajar de nuevo (su ritual se cumple en siete días de apareamientos).

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Siempre he creído que uno debe sentarse a escribir y lo hará, que eso de no poder se debe más a una cuestión mental; que es esa falta de motor o ese tremendo dolor lo que impide tu escritura, pues lo que emanaría sería justamente eso, tus dolores, tus temores, tus horrores, tu angustia, tu sentimiento de fracaso…, y por ello, más fracaso. Uno sabe bien boicotearse a uno mismo. Uno es cómplice del infortunio. Uno se regodea en el dolor o uno se exige silencio y quiere matar lo que mejor hace.

Un acto verdaderamente temerario y subversivo, me parece el hecho de escribir con aquella mano con la que no lo haces. Yo sé que mi amiga habla metafóricamente, es una artista, pero también me parece una forma de afrontar la realidad que duele, una manera sorprendente y que me deja sin habla y sí, mucha admiración. Esa es para ella en este momento, la manera de continuar la búsqueda, de caminar campo minado y sobre sí misma. De ser capaz de trascenderse.

¿Nos mutilamos pues, ante la ausencia del amor? ¿Necesitamos el amor? El amor, esa satisfacción de dar y recibir. De sentirse admirado, deseado y prodigar lo mismo. De crear, de redoblar esfuerzos, de soñar. Mantenerse enamorado…, ahora con la mano izquierda.

Voy más lejos, ¿necesitamos la fidelidad? Cuando nos despojan de algo, siempre sentiremos que lo necesitamos… ¿Qué podía hacer ese canario, en una jaula? ¿Cómo se juzgó mi amiga, de forma inclemente y total? Su juicio ha sido sumario.

Y si Luisa le hubiera puesto otra hembra en la jaula, ¿el canario se hubiese mantenido sin canto? Somos construcción y lo que pensamos es… La verdad es que no lo sé. No sé si ese canario se habría mantenido silente y fiel. Pero lo que sí sé y me parece fundamental, es la fidelidad a uno mismo. Mi amiga lo es, y a toda prueba.

Sin embargo, hoy en mi clase de zumba, nos pusieron a bailar la canción que interpreta Laura León, “La Tesorito”, esa de “Dos mujeres, un camino”…, para que vean que todo se relaciona con todo, esa mente…, y con el sabor de la música, que lo lleva a uno a disfrutar y moverse, seguía la letra, que me molestaba… “dos mujeres compartiendo el mismo hombre, el mismo amor”. Y pensé, pues eso suena también terrible, aunque “Doña Flor y sus dos maridos”, de Jorge Amado, pueda gustarme más, por su magistral manera de narrar.

Recordé entonces a mi abuela, cuya vida de casada fue así, compartiendo. Ella sostiene que nunca lo supo –yo lo dudo-, y nosotros tuvimos conocimiento hasta que mi abuelo murió. Mi abuela, por la que llevo el nombre de Celia, no hablará jamás conmigo, por más que se lo siga pidiendo a sus 95 años; su fortaleza justamente y protesta, es ese silencio. Ojalá utilizara, esa sorprendente mano izquierda.

Comentarios: celiatgramos@gmail.com

/arm