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La prevención del delito

  • Raúl Carrancá y Rivas

Desde los albores del positivismo penal, cuyo programa teórico, impecable no ha encontrado cabal resonancia en la sociedad moderna, incluido México, porque la tesis sobresaliente de César Lombroso (segunda mitad del siglo XIX), quien estableció que antes de estudiar el delito como entidad jurídica (Escuela Clásica) o como infracción a la ley penal habría que estudiarlo como una acción humana, como un fenómeno humano y social “teniendo en cuenta la biología del delincuente” (fase antropológica de la Escuela Positiva) que con posterioridad le cedió el paso a la sociológica representada por Ferri, ha sido desvirtuada o ignorada.

Lo que ha pasado, en pocas palabras, es que la entelequia jurídica, la abstracción o cosa irreal más que el fin u objetivo del Derecho Penal, cargadas de “ismos”, de movimientos jurídicos de calidad efímera, han casi ahogado la realidad intrínseca o esencial del delito, es decir, se ha perdido la perspectiva de algo específico para entrar en la bruma de lo abstracto. La verdad es que se han abierto una serie de desviaciones reiterativas de esas fuentes y que han propiciado un distanciamiento entre la realidad humana y social del delito y su especulación, útil ésta en tanto reconozca aquella y no la desvincule de lo concreto humano.

Ahora bien, vistas así las cosas yo apoyo la tesis del doctor Miguel Ángel Mancera, jefe de Gobierno de la Ciudad de México y antiguo profesor de Derecho Penal en la Facultad de Derecho de la UNAM, y del doctor Manuel Granados, Consejero Jurídico del Gobierno de la Ciudad de México y actual profesor en esa Facultad, en el sentido de prevenir la violencia y el delito. “Nosotros creemos que hay que poner mayor énfasis en la prevención, estamos convencidos”, sostuvo Mancera al subscribir hace pocos días el Decreto de Creación de la Unidad Técnica de Prevención Social de las Violencias. El problema es cómo prevenir la violencia, ímpetu y fuerza que se deja llevar por la ira y cuyos orígenes se remontan a las causas exógenas a la familia y a la cultura -o incultura- de la sociedad en que se vive, a su moralidad. ¿Cómo prevenir la violencia? ¿Por medio de la policía?

Asunto a largo plazo por la complejidad de la calidad humana de la misma policía (vocación, preparación, valores éticos, compromiso social). Sin embargo hacer hincapié en la importancia de la prevención ya es mucho en un sistema político que le ha dado prioridad absoluta a la represión en las leyes y en el entorno social. Pero hay algo que llama especialmente la atención en la propuesta de Mancera y que es revisar la resolución, dictaminada por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, de la libertad provisional de los delitos que ahora no se consideran graves, “lo cual implica la expectativa de que con esa determinación pudieran salir cuatro mil personas de prisión”. O sea, “habrá que preparar a la sociedad para dar ese paso histórico en la Ciudad de México”.

A mi juicio se trata de una gran idea y de un gran proyecto ya que un delito no grave es aquel que se comete en condiciones en que la peligrosidad y la temibilidad culpables no representan un serio o evidente riesgo o daño para la sociedad, ni tampoco una violación relevante o significativa a una norma jurídica. Por otra parte y a mayor abundamiento siempre nos hemos opuesto a que se lo clasifique en la ley porque su peso subjetivo corresponde a cada caso en particular (culpabilidad individual). En conclusión, bienvenida la propuesta jurídica de Mancera, que es un paso histórico jurídico en la Ciudad de México.

@RaulCarranca

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